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  • Diario Digital | lunes, 24 de junio de 2024
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Ma(má)rruecos

Ma(má)rruecos

Los mundiales de fútbol son, también, las cosas que menos esperamos de ellos. El de Catar, que se hizo esperar más de la cuenta y hoy llega a su final, fue generoso en sorpresas. Ninguna de ellas resultó tan arrebatadora como la participación de Marruecos, que llevó por primera vez a África y al mundo árabe a una semifinal de la Copa del Mundo. Los norafricanos acabaron cuartos, tras caer 1-2 ante Croacia en el partido por el tercer lugar. Pero, aun sin subir al podio, se ganaron el respeto del mundo futbolístico y se robaron los elogios que estaban reservados para selecciones con más caché. Y no menos importante, hicieron llorar a Cristiano Ronaldo.

No es extraño que en los mundiales irrumpan convidados de piedra: selecciones llegadas para cumplir los cupos de sus regiones y por las que pocos darían un peso, pero que, llegado el momento de la verdad, les aguan la fiesta a los favoritos de siempre. Cada quien debe guardar en su memoria algunas de ellas. En mi “top 5” están la Bulgaria de EEUU 94, la Turquía de 2002, la Croacia de Francia 98, la Costa Rica de 2014 y, por supuesto, esta Marruecos de 2022.

Pocos echaron sus dados por los marroquíes, pese a que llegaron con credenciales nada despreciables. La mayoría de sus convocados nacieron y se formaron en Europa, juegan en ligas europeas y, aun siendo de difícil pronunciación en Occidente, sus apellidos se escuchan cada fin de semana en las transmisiones de la Premier inglesa, LaLiga española o la Ligue 1 francesa. En primera fase se sacaron de encima al segundo y al tercero de Rusia 2018. En octavos ajustaron cuentas con otro país que, como Bélgica, es un destino natural de sus emigrantes y futbolistas: España. Y en cuartos les bastó un gol y la muralla de Bono para despachar a los portugueses. Su cruzada contra los europeos estuvo a poco de prolongarse hasta la semifinal con Francia, en un cotejo que merecieron mínimamente empatar.

Sus festejos serán de los más recordados, y no solo porque la suya fue una de las dos barras más imponentes del torneo, sino por el protagonismo que tuvieron las madres de los jugadores. A iniciativa de su entrenador Walid Regragui, las progenitoras fueron invitadas a Catar y se alojaron en el mismo hotel de la concentración del equipo. Y en las victorias ante España y Portugal, tomaron también las tribunas y el campo de juego. Se abrazaron, besaron y bailaron con sus hijos. Se convirtieron en la mejor bandera de Marruecos: el lazo que unió a sus jugadores (e hinchas) ya europeos con la tierra de origen de sus madres. Juntos refundaron su país en los estadios cataríes. De la mano de sus mamás, los marroquíes (nos) descubrieron que uno no es de donde nace, sino del lugar al que le llevan sus afectos. Por eso, y por otras tantas otras cosas, ¡gracias Ma(má)rruecos!

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti