Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 23 de enero de 2021
  • Actualizado 22:29

Jhasmani, la FBF y las elecciones

Jhasmani, la FBF y las elecciones

No me imagino lo tortuoso que debe ser hacer periodismo deportivo en estos días en Bolivia, un país con los deportes suspendidos hace más de medio año debido a la pandemia. Más aún, cuando el grueso de la oferta informativa de los medios gira en torno al fútbol, una disciplina que, a más de un par de partidos por Eliminatorias, la reanudación de Libertadores y Sudamericana y amistosos que a nadie le interesan, está muerta. Los reporteros deportivos han tenido que especializarse en hacer noticia de la inactividad, de la parálisis, del vacío, del silencio, del no-fútbol. 

A esa categoría de contenidos corresponden dos de las noticias más estridentes que arrojó el no-fútbol boliviano en la última semana. Una de ellas fue la despedida del volante cruceño Jhasmani Campos de la Selección boliviana. A los 32 años, una edad en la que el jugador boliviano promedio empieza su antepenúltima juventud (si no me creen, ahí están el Caballo Saucedo o Darwin Peña para dar fe), el deportista envío una carta en la que pedía no ser tomado en cuenta para futuras convocatorias a la Verde. La otra noticia fue el enésimo choque verbal entre Marco Rodríguez y Robert Blanco, los dos dirigentes que se creen presidentes de la FBF y que han puesto en vilo el reinicio del fútbol profesional.

Es curioso, pero en esas dos noticias no-futbolísticas he entrevisto claves para leer el estado de ánimo de resaca electoral en el país. Por un lado, está el retiro de la Selección de un futbolista que, aun sin ser trascendental, habla de una decencia casi insólita en nuestro medio. Un hombre que sabe que su tiempo ha acabado, que lo mejor de sí ya lo entregó y que no quiere estorbar más al colectivo.

Por otro, están dos caballeros que sin haber ganado algo importante alguna vez en sus vidas, antes que dar un paso al costado por el bien del fútbol boliviano, prefieren enfrascarse en una pelea absurda y perniciosa: se ponen trancas, procuran hacerse el mayor daño posible, apelan a una y mil chicanas, jamás aceptan su derrota y enrarecen aún más el ambiente para que todos mueran intoxicados. 

Si algo hermana en estos días a la política y al fútbol boliviano es la proliferación de malos perdedores. Ya sea enarbolando teorías delirantes sobre fraudes ficticios o vindicando su ‘derecho’ a conservar malsanos privilegios, en este país tenemos malos perdedores de sobra. Estamos infestados de ‘Roberts’ y “Marcos’ y nos faltan Jhasmanis.

 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA  A.

Periodista

@EspinozaSanti