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  • Diario Digital | jueves, 23 de mayo de 2024
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Garibay, el futbolista que (por suerte) no fue

Garibay, el futbolista que (por suerte) no fue

Los hechos suelen ser más elocuentes que las opiniones. Unas horas antes de que la Selección boliviana de fútbol volviera a plantarle un nuevo revés a la afición deportiva, al perder 1-2 contra un combinado suplente de Panamá en el Félix Capriles, Héctor Garibay (35 años), un atleta orureño mucho menos conocido que los “troncos” de la Verde, ganó la maratón de la Ciudad de México y marcó un nuevo récord para la masiva competencia en la capital mexicana: 2:08:22.

El oro y la marca le merecieron un incentivo económico y un reconocimiento público que no tiene en el país. El dinero y la atención mediática internacionales le confirieron la visibilidad nacional que se merece desde hace tiempo. Porque, como muchos ya sabrán, Garibay no es un jovenzuelo ni un debutante en las lides del atletismo mundial. Pese a no llevar compitiendo muchos años, desde que lo hace viene cosechando premios para nada despreciables. Uno de los primeros y más resonantes fue el primer lugar en la maratón de Buenos Aires, en octubre de 2021, que hizo llorar a más de un reportero porteño incapaz de concebir que un “bolita” les ganara en sus calles. (No faltó el que esgrimió que su secreto fue entrenar y llegar desde la temible altura.)

Las de México y Buenos Aires no son las únicas competencias en las que ha sido premiado el orureño. No en vano ya está clasificado para las Olimpiadas de París de 2024. El que siga desconociendo sus múltiples logros, fácilmente puede curiosear algunas de las muchas notas que le han hecho en estos últimos días. La información en torno a su vida y carrera profesional ahora es relativamente abundante. De entre los muchos datos sobre su trayectoria que se han desperdigado, hay uno que me llama la atención: Garibay llegó a jugar profesionalmente al fútbol antes de pasarse al atletismo.

Un reporte del periódico La Patria consigna que el nacido en Totoral integró varios equipos de la Primera A del fútbol orureño. Uno de ellos, La Joya, llegó a tener un papel protagónico en el torneo de ascenso del vecino departamento. Sin embargo, una lesión lo apartó del césped y lo exilió a la pista atlética, que debía recorrer sistemáticamente durante su proceso de recuperación. Su trote llamó la atención de la exatleta y entrenadora Nemia Coca, quien reconoció, de buenas a primeras, el gran potencial que escondían las piernas de ese futbolista malogrado.

El resto es historia conocida (o no tanto). En lugar de estancarse como un futbolista boliviano del montón, Garibay no ha dejado de crecer en el atletismo. Es cierto que no gana la plata que ganan ni recibe la atención que reciben tantos jugadores mediocres, pero su carrera es un dechado de disciplina, sacrificio y dignidad. Que él siga ganando en soledad maratones y haciendo valer un pasaporte con frecuencia ingrato, mientras los futbolistas “bien pagados” se prestan a amaños de partidos y a otras corruptelas dignas de nuestra peor clase dirigente, sin contar su incurable decadencia dentro de las canchas.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA ANTEZANA

Periodista

@EspinozaSanti