Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 17 de junio de 2024
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Ganar en pandemia

Ganar en pandemia

Los números son devastadores. Nuestra Selección absoluta de fútbol no ganaba un partido desde octubre de 2019, cuando venció por 3-1 a Haití, en un amistoso jugado en el Tahuichi Aguilera. Si buscamos el último triunfo por Eliminatorias de la Verde, hay que ir más atrás: septiembre de 2017, cuando se impuso por 1-0 a Chile, en el Hernando Siles.

El recuento de fechas bien puede explicar en algo la desbocada euforia que desató la victoria de local por 3-1 ante Venezuela, el jueves 3, por la quinta fecha de las Eliminatorias para Catar. Porque aunque no abundaron, tampoco faltaron oportunidades para ganar antes. Si solo nos remitimos a los partidos clasificatorios para el siguiente Mundial, tuvimos chance de sacar tres puntos en cada uno de los encuentros de local que jugamos contra Argentina y Ecuador, los cuales estuvimos ganando por unos minutos, pero acabamos perdiendo.

Si nos ponemos ocurrentes a la hora de mezclar datos, podríamos decir que la del último Corpus Christi fue la primera victoria del seleccionado boliviano en la era de la pandemia. O, yendo algo más atrás, que fue la primera vez que Bolivia ganó -un partido de fútbol y, quién sabe, qué otras cosas- tras la crisis postelectoral de octubre de 2019. Visto en el contexto de las Eliminatorias sudamericanas, el triunfo sobre Venezuela no es para tanto. Sirvió para salir del fondo de la tabla, sumar cuatro puntos y convertir a Martins en el goleador de la competencia. No pocos creen/temen/esperan que el entusiasmo se desinfle este martes, cuando nos toque visitar a Chile. Aun así, otros tantos nos aferramos el extraño sabor de la victoria que ya teníamos olvidado. No nos hace daño sentirnos ganadores por unos días, siempre que no pequemos de triunfalistas e ilusos, dos estados que deberían estar extintos esta coyuntura.

Como en tantas otras partes, en Bolivia estamos viviendo unos días de interminables pérdidas. A diario perdemos familiares, amigos y colegas de trabajo, en su mayoría abatidos por la peste del coronavirus. Desaparecen con una naturalidad cada vez más espantosa, al punto de dejarnos sin margen para llorarlos y despedirlos. Se van y nos dejan su ausencia, pero también el miedo de que el próximo en caer sea alguien cercano o uno mismo. Estamos perdiendo tanto y todo el tiempo, así que quién puede culpar a los que no se conmueven por ganar un partido de fútbol. No los culpamos, pero que tampoco nos desprecien si cedemos, por unos segundos, a la alegría de gritar los goles de Martins, al orgullo de saber que Bolivia aún puede ganar algo, a la esperanza de imaginar que no todo está perdido.  

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti