Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 21 de septiembre de 2021
  • Actualizado 19:45

El fútbol, ese remolino

El fútbol, ese remolino

En principio creí que se trataba de un montaje más de los tantos que circulan impunemente en las redes. Pero, luego de verlo varias veces, me convencí de que es real. Y aun si no lo fuera, sirve a los efectos de lo que me ha provocado verlo. Hablo, obviamente, del video casero que captura los segundos en que un remolino de viento y tierra sacudió las previas de la final de la liga de Achocalla (La Paz) que se aprestaban a jugar los clubes Chelsea y Chapecoense. (Alguien debería hacer una tesis sobre los nombres de los clubes amateurs o de divisiones inferiores, que pueden parecer arbitrarios y hasta rocambolescos, pero que esconden cosas extrañas. Ahora mismo no sé qué pensar de un equipo bautizado con el nombre del club brasileño que en 2016 sufrió un accidente aéreo tan aciago.)

Por lo que se infiere de las leyendas que acompañan las imágenes, el partido se jugó el domingo 18, hace una semana. En ningún caso encontré datos que confirmaran si el encuentro se disputó efectivamente, menos aún sobre su ganador. Porque lo que importa, en este caso, es la anécdota. Una anécdota que, forzando algo que leí hace algunos días, bien podría guardar alguna verdad más importante que el propio partido. Pero, antes de meterme en honduras, repasemos el video de marras. Es la transmisión de los instantes previos que hace una red deportiva, cuyo relator quiere presentar a los jugadores de los dos equipos que están en el centro de la cancha de tierra. Sin embargo, antes de que pueda decir algo sobre los finalistas, se ve, como todos ahí, sorprendido por el remolino, que “ahí está… en el campo de juego, para que ustedes lo vivan en vivo y directo”. Avanza como un fantasma ancho e informe, como un monstruo juguetón que espanta a los jugadores, pero no así al árbitro, que mantiene la compostura pese a todo. “Se lo va a comer al árbitro, se lo comió nomás, vuela algo, vuela una cosa más. Espero que no llegue por acá”, narra el relator, primero asustado y, unos segundos después, con el torbellino ya extinto, divertido, a punto de soltar una carcajada.

No sé exactamente qué me entusiasma tanto del video, amén del morbo promedio por atestiguar una escena irreal, casi apocalíptica. Me ha hecho pensar en el fútbol como un remolino inoportuno y cruel, que es capaz de alterarnos la rutina, comernos -como le pasa al árbitro- sin estar buenamente condimentados, desaparecernos por unos instantes del mundo y luego escupirnos para que sigamos dando tumbos como si nada. Un remolino inoportuno y cruel, sí, pero al que algunos no nos cansamos de esperar día tras día, en medio de ese pedazo de tierra seca y aplanada que llamamos vida y del que ansiamos desaparecer aun por unos segundos, mientras nos dejamos llevar a través de las entrañas del viento arremolinado que, tarde o temprano, habrá de regurgitarnos. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti

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