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  • Diario Digital | sábado, 18 de mayo de 2024
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Un fútbol sin Kaiser ni Lobo

Un fútbol sin Kaiser ni Lobo

Que, en una misma semana, con solo horas de diferencia, hayan muerto dos de las mayores leyendas del fútbol mundial es todo un signo de época. Estamos atestiguando los últimos estertores del fútbol del siglo XX. El 5 de enero partió, a los 92 años, el brasileño Mário Lobo Zagallo. El 7 se fue, a los 78, el alemán Franz Beckenbauer. Sin llegar a ser contemporáneos, ambos alcanzaron en la segunda mitad del siglo pasado un hito que ahora mismo parece inalcanzable: fueron campeones del mundo como jugadores y entrenadores. Zagallo fue bicampeón en cancha, en 1958 y 1962, y campeón desde el banquillo, en 1970. Beckenbauer fue campeón jugando, en 1974, y entrenando, en 1990. (Con su muerte, el único deportista vivo que ostenta un logro similar es el francés Didier Deschamps.)

Sin llegar al estatus de estrella, Zagallo fue un extremo izquierdo esencial en el Brasil que arrebató a los europeos la hegemonía del fútbol mundial a finales de los 50 y principios de los 60. Opacado por figuras como Garrincha, Vavá, Didí o un tal Pelé, el Lobo fue un titular indiscutible en la Canarinha que campeonó en Suecia y Chile. Pocos lo deben recordar, pero incluso hizo uno de los cinco goles con los que su selección ganó la final de 1958. Ya retirado de las canchas, con menos de 40 años, entrenó al que no pocos han entronizado como el mejor equipo de la historia: el Brasil campeón de 1970, ese que jugaba con cinco o más “10” en el campo. Ese récord lo convirtió en un amuleto infalible para los brasileños, que lo volvieron a convocar, como ayudante técnico, para 1994, año en que alzaron su cuarta Copa. Poco le faltó para besar la quinta en 1998, de nuevo como DT, cosa que finalmente hizo en 2002, ya sin puesto oficial, pasándole algo de su “suerte” al plantel de Scolari.

Beckenbauer sí que conquistó el estatus de estrella. Aun siendo defensor (o líbero, para los más puristas), el Kaiser fue el primer zaguero de la historia en ganar el codiciado Balón de Oro. Lo recibió dos veces, el primero dos años antes de liderar a la Alemania campeona de 1974 y el segundo, al año siguiente del título mundial. El bávaro levantó la Copa en su tercer Mundial, tras caer en la final de 1966 ante Inglaterra y acabar en tercer lugar en 1970. En el torneo jugado en su tierra, la entonces Alemania Federal, el seleccionado capitaneado por Beckenbauer fue el verdugo del que para muchos otros fue el mejor equipo de la historia: la Naranja Mecánica de Cruyff y Michels. Si como jugador alcanzó la gloria recién al tercer intento, como DT lo hizo al segundo: tras caer en la final de 1986 ante la Argentina de Maradona y Bilardo, se vengó del mismo seleccionado en 1990.

El repaso de los incontables éxitos de Zagallo y Beckenbauer, iconos absolutos de sus respectivas selecciones, contrasta con la demacrada actualidad de Brasil y Alemania. Su muerte es, también, un cruel recordatorio del declive que han sufrido en los últimos años dos de las mayores potencias del fútbol mundial. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti