Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de noviembre de 2019
  • Actualizado 04:00

El fútbol o la guerra por otros medios

El fútbol o la guerra por otros medios

Esta columna estaba originalmente pensada para comentar el amistoso por fecha FIFA que jugaron Bolivia y Haití, en el Tahuichi Aguilera. Pero, ya ven, el partido no le interesó a las televisoras y no se transmitió. Al parecer, había cosas masivas más importantes para televisar que ese “partiducho”.

Lo que sí llegó a la pantalla, aunque a la grande, es la película boliviana “Fuertes”, codirigida por Oscar Salazar y Franco Traverso, una ficción “inspirada en una historia real”, que desde el jueves pasado se exhibe en salas comerciales. Bien se me podría acusar de volver a “malversar” este espacio para escribir de cine cuando su objeto es el balompié, pero deben saber que el filme en cuestión tiene en el nudo de su trama un relato de fútbol y de futbolistas. Puede que no sea el primer largo boliviano futbolero (se me vienen a la cabeza “Muralla”, “El último caudillo” o “Viva Bolivia toda la vida”), pero es muy probable que sea la ficción cinematográfica que más centralidad dramática le otorga al “deporte rey”.

“Fuertes” recrea el episodio histórico conocido como “Cañada Strongest”, una batalla de la Guerra del Chaco que fue protagonizada en 1934 por jugadores, hinchas y dirigentes del club paceño, que se enlistaron para pelear por Bolivia en el conflicto contra Paraguay. Con un esfuerzo de producción sobresaliente, la cinta procura rendir homenaje a los soldados que lucharon en esa batalla y, a través de ellos, a todos los bolivianos que combatieron en el Chaco. La historia le sirve para reivindicar valores como el coraje, la resistencia, el compañerismo y el amor a la Patria.

Suena a una charla que nos regalarían nuestros abuelos, el mío (benemérito) incluido. Y todo bien o casi, salvo que su tosca analogía entre fútbol y guerra despide una rancia sacralización de la violencia y el sufrimiento que me resulta intragable. Anclada en un patrioterismo de manual, la película no se preocupa por contextualizar política o históricamente la Guerra del Chaco, pues lo que le interesa es dejar en claro que en la vida no importa tanto ganar o perder como sufrir. Y si hay que entrenarse, pelear o matar al otro o morir en el intento, no importa. Después de todo, ahí está el fútbol para enseñarnos a jugar la guerra (acaso lo peor que se nos puede enseñar), para enseñarnos a sufrir.

Sufro, luego soy boliviano. Tal podría ser la moraleja que nos deja esta enésima muestra –ahora también boliviana– de que fútbol y cine solo pueden generar un maridaje fallido.