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  • Diario Digital | lunes, 24 de junio de 2024
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El fútbol como realismo mágico

El fútbol como realismo mágico

Ronnie Brunswijk, 60 años, negro, panzón, calvo, vicepresidente de Surinam, saltó al campo de juego como capitán del Inter Moengotapoe, el equipo de su propiedad, para jugar la ida de los octavos de final de la Liga de la Concacaf frente al Olimpia de Honduras. Vistiendo la casaca 61, jugó 53 minutos del partido que su club perdió de local por 0-6 el 21 de septiembre. El resultado fue lo menos importante. La noticia estaba en la anécdota: Brunswijk se convirtió en el hombre más viejo en disputar un torneo competitivo de la Concacaf. Por si no fuera lo suficientemente llamativo que el ocasional futbolista es la segunda autoridad de su país y el dueño del Inter Moengotapoe, se filtraron los datos de su prontuario: antes que político y empresario, fue guerrillero, narcotraficante y asaltante de bancos. No en vano está fichado por la Interpol, lo que le impide salir de su país y, por extensión, jugar la vuelta en Honduras contra el Olimpia. Y para quien guarde alguna curiosidad por su vida personal, va este datito: tiene 50 hijos (o eso dicen), un número que explica que uno de sus compañeros de equipo en el cotejo del martes fuera descendiente suyo.

Desde que tengo alguna noción de geografía me ha llamado la atención el extraño lugar que ocupan en Sudamérica los territorios de Guyana, la Guayana Francesa y Surinam, dos países y una región aún dependiente de Francia. Son como tres extraterrestres en tierras sudacas, con culturas e idiomas diferentes al español y el portugués que dominan en el subcontinente. O siendo más rigurosos: son los tres recordatorios más presentes del pasado colonial de esta parte del mundo. Hablando de Surinam, lo poco que se sabe -o sé- de ese país, colonia neerlandesa hasta 1975, es que ha sido cuna de algunos de los mejores futbolistas negros que han jugado para la Naranja Mecánica: Ruud Gullit, Frank Rijkaard, Aron Winter, Clarence Seedorf, Edgar Davids (los dos primeros ya nacidos en Ámsterdam y los tres últimos en Paramaribo).

La jerarquía de esos nombres, laureados en las más altas ligas del fútbol europeo, contrasta con el amateurismo pueblerino que se desprende del debut del vicepresidente surinamés. Sirve para recordarnos que hay cosas en las que Latinoamérica no ha dejado de ser ese territorio más ficticio que real, tantas veces narrado por la literatura y bautizado como realismo mágico. Cosas como el fútbol. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti