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  • Diario Digital | sábado, 18 de mayo de 2024
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El fútbol como ficción privada

El fútbol como ficción privada

Desde hace algunas semanas vengo viendo más cine que fútbol. Es algo muy propio de esta temporada, fin de un año y principios de uno nuevo, en que las ligas nacionales y continentales finalizan o se interrumpen mientras se preparan fiestas, comilonas, regalos y vacaciones con una voracidad insaciable. Uno de los mejores antídotos a esta escasez es el cine. Busco fútbol en el cine (así como otras tantas veces busco cine en el fútbol). Es lo que he hecho en las últimas semanas. En mi defensa, debo decir que mis hallazgos no han sido nada forzados: he encontrado fútbol en tres de las mejores películas de 2023. Y en las tres, lo he encontrado en forma de ficciones privadas, cuando no íntimas, de una belleza demoledora.

La primera escena futbolera con la que me topé está en “Hojas de otoño”, la nueva cinta del finlandés Aki Kaurismäki. Se produce casi al final de la historia, cuando la protagonista, sentada ante el lecho de su agonizante pretendiente, suspende la lectura de un par de noticias horrorosas para inventarse que Finlandia está a punto de jugar la final de la Copa del Mundo contra Brasil y que, contra todo pronóstico, parte como favorita. El relato es una ficción que procura la recuperación del hombre que yace en coma en el hospital. El fútbol se ficcionaliza para despertar el deseo de seguir con vida.

La segunda escena es de “Cerrar los ojos”, la película con la que el español Víctor Erice ha vuelto al cine tras tres décadas. Ocurre como a la mitad del metraje y se desprende del relato del protagonista, un cineasta y escritor hace tiempo inactivo, que le cuenta a una antigua amante cómo se imagina que fueron los últimos minutos con vida de su mejor amigo, desaparecido misteriosamente en medio de un rodaje. Su imaginación lleva a su compinche en una cancha de fútbol de tierra, al borde de un acantilado que da al mar, caminando sin zapatos, quitándose la corbata y la gabardina, parándose debajo de los tres palos de un arco. Siempre fue arquero y abre los brazos a la espera de que chute un delantero que no existe con una pelota invisible. No importa. Lo que importa es imaginarlo vivo, de pie y sin miedo ante su destino. El fútbol funciona, pues, como un artificio ficcional con el poder de reemplazar la memoria.  

La tercera y última escena pertenece a “El sol del futuro”, del italiano Nani Moretti. Tiene lugar poco después de la mitad del filme y muestra al cineasta al que da vida el propio director entregado a jugar en soledad con una pelota. Es el fin de un día de rodaje que no ha ido como esperaba el realizador y, mientras todo su equipo de producción se marcha, él se queda solo en el set, dominando el balón con los pies, la cabeza, los muslos (en eso que en mis tiempos llamábamos “tecniquitas”), absorto en su frustración, con Joe Dassin cantándole “Et si tu n'existais pas”. El fútbol acaba siendo una ficción introspectiva que concede la posibilidad de escapar del mundo para perderse en uno mismo.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti