Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 17 de junio de 2024
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El fútbol boliviano no existe (V)

El fútbol boliviano no existe (V)

El fútbol boliviano es lamentable, claro que sí. Dudo que alguien en su sano juicio pueda afirmar lo contrario. Pero, más lamentable que el balompié que se juega en canchas bolivianas, es nuestra clase política. Tan lamentable es esta, que ha liquidado lo poco que quedaba de fútbol boliviano en este 2022. A diferencia de los cruceños, los clubes profesionales no aguantaron el paro indefinido en la capital oriental y, en una reunión de sus delegados, resolvieron el jueves dar por concluido el campeonato, sin un campeón ni descensos de categoría. Fue un desenlace que se veía venir. La falta de voluntad de los polos en conflicto por el censo presagiaba la muerte anticipada del juego.

Para efectos burocráticos, la FBF acordó que los premios para los mejores equipos del año fueran repartidos entre los que más arriba acabaron en la tabla acumulada del año, resultante del Apertura y del Clausura que se disputó hasta la fecha 24. Los dos últimos se salvaron del descenso y se abrió un cupo más para que el próximo torneo lo jueguen 17. Ni siquiera la carcajada anti-atigrada por ver otro año más sin copa a The Strongest, que estaba primero hasta la suspensión del Clausura, se ha disfrutado tanto como otras veces. La humorada ha cedido a la decepción por un campeonato interrumpido de forma bochornosa, abortado por caprichos externos. finalizado sin vencedores ni vencidos.

Hay quienes sostienen que los dirigentes del fútbol pudieron hacer algo más para completar las fechas restantes del Clausura. Hasta se abrió la posibilidad de que se jugara durante los días del Mundial de Catar. Era una posibilidad abierta por los organismos internacionales del fútbol, pero se entiende que haya sido desestimada por la mayoría de los clubes, principalmente porque ese escenario les habría supuesto destinar más recursos para extender contratos, sueldos y otras obligaciones con sus plantillas. ‘Inflacionado’ y todo, el fútbol boliviano enfrenta una crisis económica lacerante que, en casos como el Wilster, se pinta como terminal, así que gastar más de lo previsto por contingencias políticas está lejos de ser algo deseable.

Toca, pues, avergonzarse del precipitado final del fútbol boliviano. Puede que no dé para llorar, pero, cuando menos, inspira vociferar, maldecir a voz en cuello contra quienes lo hicieron desaparecer de un plumazo. Su cancelación es una consecuencia más, entre otras más graves, del fracaso de la clase política boliviana para hacer su trabajo: gestionar un conflicto que, razones aparte, viene causando estragos en el país desde hace más de 20 días. Un conflicto que, para más inri, es muy probable que tenga un cierre tan frustrante como el del torneo Clausura: sin vencedores ni vencidos, solo daños.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti