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  • Diario Digital | viernes, 21 de enero de 2022
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Elogio del ‘Marraqueta’

Elogio del ‘Marraqueta’

La noticia del fichaje de Franz Gonzales (Cochabamba, 2000) por Platense, confirmada en días pasados, me trajo a la memoria la no muy larga historia de futbolistas cochabambinos que han jugado en clubes argentinos. Al recuerdo personal que tenía del paso de Julio César Baldivieso, Marco Sandy y Óscar Sánchez por Newells, Gimnasia y Esgrima e Independiente, un colega aportó un nombre más, el del legendario Wilfredo Camacho (campeón sudamericano de 1963), que militó en Ferro Carril Oeste.

Antes que seguir reciclando datos sobre las aventuras argentas de cada uno de los señalados, voy a aprovechar este espacio para evocar a uno en particular sobre el que quiero escribir hace ya buen tiempo: el ‘Marraqueta’ Sánchez (Cochabamba, 1971-La Paz, 2007). Tengo, pues, una particular afinidad hacia los futbolistas de la estirpe del también apodado ‘Cabezón’, vallunos hasta la médula que, como el ‘Cucharón’ Olivares o el ‘Chespi’ Zenteno, esconden, tras sus lentos corpachones, cualidades técnicas inestimables (grandes cabeceadores con mucho gol, pese a no ser delanteros) y una vocación de liderazgo en la cancha.

A esta última condición alude ‘El último caudillo’ (2009), un documental del periodista deportivo boliviano Gustavo Cortez consagrado a la figura de Óscar Sánchez. Uno de los contadísimos ejercicios cinematográficos nacionales de temática deportiva, que recién me ha sido posible ver en la plataforma gratuita de cine latinoamericano Retina Latina.

Mentiría si dijera que ‘El último caudillo’ es un ejemplar documental deportivo, cuando, en los hechos, es un voluntarioso trabajo artesanal con defectos típicos del (mal) periodismo televisivo boliviano: una voz en off emborrachada de solemnidad, música popular desperdigada sin criterio, entrevistas mal editadas, vacíos informativos rellenados con opiniones, etc. Pero, aun con todos esos problemas, es un audiovisual de alto valor histórico y de picos genuinamente emotivos, en especial para futboleros que, como el suscrito, tuvieron en la selección boliviana de 1993-94 lo más parecido a una educación sentimental.

Ver al ‘Marraqueta’ metiendo un gol de cabeza ante Uruguay en la Copa América de 1995 o anotando penales y tiros libres con el Independiente que dirigía Menotti, amén de episodios más familiares (como su matrimonio) o declaraciones de admiradores (como las que comparten, en un lindo ejercicio de montaje, Jorge Eduardo y el ‘Papirri’ Chazarreta), es un tratamiento de saudade futbolera que habría que recetar a todo boliviano que ame el fútbol. Si se me permite, se lo prescribiría a Franz Gonzales para encaminar la aventura que le espera en el fútbol argentino y buscar inspiración en el ‘Marraqueta’, uno de los mayores ídolos cochabambinos que se hizo querer en el Río de la Plata.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti

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