Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 21 de enero de 2022
  • Actualizado 18:56

De Vinto, con amor

De Vinto, con amor

Volví al Capriles tras casi medio año. El miedo al coronavirus y la mediocridad del Wilster-modelo-2021 me convencieron de mantenerme alejado de las gradas del estadio de Cala Cala. Hasta el miércoles último. La sufrida victoria roja ante Bolívar, de hace una semana, me animó a lanzarme al clásico local contra Aurora. Al cabo del primer tiempo, estaba más pendiente de que nadie sospechoso se me acercara que del juego. Los 45 minutos iniciales fueron tan malos, que se podía encontrar más emoción en la paranoia tribunera. En el segundo tiempo, las cosas mejoraron algo: al menos hubo goles y más trámite de un lado y otro. Aun así, no se me quitó la percepción de que estaba viendo un amistoso.

Me fui del estadio con un mal sabor de boca, pues el Wilster se hizo empatar a último momento y se reconfortó al saber que había sumado el punto necesario para asegurar su cupo en la Sudamericana. No esperaba volver pronto, pero la urgencia por buscar algo que decir en esta columna, me despertó la curiosidad por ir a ver la primera final de la Copa Simón Bolívar, que enfrentó el viernes por la tarde a Universitario de Vinto contra Universitario de Sucre. Y esta vez no me arrepentí. Aunque con bastante menos gente, el ambiente en el Capriles era para erizar la piel. Los sucrenses vinieron con una aguerrida hinchada, que se prodigó en banderas, trapos y cánticos a lo largo de todo el cotejo. El ímpetu visitante hizo reaccionar a la fanaticada de Vinto, que, aun siendo incipiente y poco organizada, se dejó sentir.

En la cancha, el juego fue tan rabiosamente disputado como en las graderías. El club capitalino, otrora liguero y campeón del fútbol profesional, manejó los hilos del partido, con paciencia, precisión y profundidad, hasta precipitar el penal que le permitió tomar ventaja. Los locales solo atinaban a correr de un extremo a otro, procurando llegar al arco rival a plan de insistencia, pero sin ideas. El segundo tiempo, arrancaron casi igual, pero generando más peligro. La insistencia dio finalmente sus frutos y empataron en una jugada tan accidentada como afortunada. Y aunque las cosas bien pudieron acabar empatadas, los de Vinto tuvieron una chance más que no desperdiciaron para irse con la tranquilidad de la ventaja con miras a la vuelta de este sábado. Esta vez, el fútbol nuestro, aun no siendo de primera, me dejó un buen sabor de boca, tan bueno que ya estoy ansioso de volver al Capriles para darle una nueva oportunidad al Wilster (que se despide de su hinchada contra Tomayapo) o, quién sabe, para ver a la U de Vinto debutando en la máxima categoría del fútbol boliviano.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti

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