Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de junio de 2024
  • Actualizado 23:14

Costas y el Cóndor

Costas y el Cóndor

Puedo estar equivocando, pero hace mucho tiempo que no percibía tanta expectativa alrededor de la designación de un nuevo entrenador para la Selección boliviana. Que recuerde, los anteriores al argentino Gustavo Costas habían entrado y dejado el cargo de la noche a la mañana, con alguna controversia de por medio, pero poco más. Si me apuran, lo que más persiste en mi memoria de otros DT son las peleas en las que se enfrascaron Mauricio Soria y César Farías, uno haciéndose pegar con un jardinero en su casa y otro prodigándole patadas a algún detractor en un aeropuerto. Diría que esos episodios pugilísticos fueron de lo más memorable que dejaron sus respectivos pasos por el banquillo de la Verde. Y ojo que ambos cosecharon algún que otro éxito en sus distintos periodos en el seleccionado, como la clasificación a cuartos en una Copa América o los empates de visita por Eliminatorias.

En fin, me disperso. A lo que iba es a la pompa que rodeó el acto de presentación de Costas, el viernes, en La Paz. A la cabeza de Fernando Costa, la FBF organizó un suntuoso acto en un hotel paceño, para el que invitó a personalidades del fútbol, representantes diplomáticos y periodistas. Fue un evento que, como toda fiesta boliviana que se respete, empezó con mucha demora y tuvo una dosis alta de folclore. No faltó ni el Chasqui, uno de los más veteranos hinchas de la Selección, a quien recuerdo como parte indisoluble de la escenografía humana del periodo más feliz de nuestro fútbol: la campaña de clasificación al Mundial de 1994.  

Sin embargo, más que el Chasqui, que apareció flanqueando discretamente al DT y los dirigentes de la FBF en la foto oficial, de la ceremonia del viernes habré de recordar al Cóndor, otro personaje/hincha/mascota muy popular que se robó mi atención en más de un momento. Uno de ellos fue cuando se interpretó el Himno Nacional, que el Cóndor acompañó abriendo y meciendo sus alas de utilería. Otro fue cuando ingresó un yatiri (¿o kallawaya?) para invocar el mejor de los destinos para el proceso del nuevo entrenador, ante la imperturbable solemnidad de la figura alada. 

Más allá de la anécdota, el color local en el acto habla de la importancia que está mereciendo el inicio de esta nueva etapa en la Selección boliviana. Pocas cosas nos tomamos tan en serio los bolivianos como las fiestas folclóricas (el Carnaval de Oruro, Urcupiña, el Gran Poder...). Y la firma del contrato de Costas estuvo a poco de convertirse en una entrada. A ver cuánto nos dura el entusiasmo fiestero para acompañar al “equipo de todos”. Todo dependerá de cuánta buena fortuna (nos) traigan Costas y el Cóndor.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti