Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 04 de diciembre de 2022
  • Actualizado 21:23

El corazón del fútbol

El corazón del fútbol

Aún desconcertado por la suspensión de la Premier, decretada por el duelo tras la muerte de la reina inglesa (?), este sábado me puse a ver el partido entre el Cádiz y el Barcelona, jugado en el estadio Nuevo Mirandilla de la ciudad gaditana. Aunque en principio no se pintara como el más atractivo, el juego prometía, en vista del entusiasmo que viene levantando el Barça de Xavi. Aunque, en rigor, habría que llamarlo el Barça de Lewandowski, pues es el delantero polaco el que mejor resume el estado de gracia actual del equipo catalán. No solo es el pichichi de LaLiga española, con seis tantos en cinco partidos, sino que la última semana anotó su primer triplete con la camiseta culé en la goleada por 5-1 al Viktoria Plzen checo, ya por Champions.

Pero no es de Lewandowski que quiero escribir en esta columna, por más que se lo merezca. De la visita azulgrana al Cádiz, que seguí distraídamente hasta el segundo gol, marcado precisamente por el 9, me ha quedado, como a tantos otros, el incidente que ocurrió al minuto 83, cuando todo se encarrilaba hacia un cierre protocolar sin mayores aspavientos. De un momento a otro, la pelota se detuvo, los jugadores quedaron paralizados sobre el campo de juego, el árbitro guardó su silbato, los relatores españoles enmudecieron y se impuso un murmullo sordo en las tribunas. Solo tras unos segundos de desconcierto, la señal mostró, en cámara lenta, al arquero del Cádiz, el argentino Jeremías Ledesma, atravesando a toda velocidad el césped con un pequeño aparato entre sus manos. A medida que se repetía el sprint, los comentaristas confirmaron que se trataba de un desfibrilador.

Alguien en la tribuna había sufrido un ataque cardíaco y los paramédicos necesitaban la maquinita para reanimar a la persona, de la que ni siquiera se sabía a ciencia cierta si era hombre o mujer. Minutos después se especuló con que era un hombre ya mayor. Anoticiados de la situación, los jugadores dirigieron sus miradas hacia el lugar de las graderías donde el caído era atendido. Otros, como el uruguayo Ronald Araújo, se arrodillaron para orar y combatir la angustia. Después de interminables 20 minutos, el referí pidió a los jugadores que volvieran a los vestuarios. La cámara se quedó con los rostros de los espectadores, unos luciendo desorientados, otros buscándose en el monitor gigante del estadio y alguno llorando sin disimulo.

La larga faena del personal médico hizo temer lo peor. Solo cuando otro futbolista del Cádiz ayudó a llevar una camilla hasta el lugar donde se reanimaba al hombre sobrevino algún alivio. Lo trasladaron del recinto deportivo a un hospital cercano. Su hija, que se había desvanecido de la impresión, recuperó la conciencia. Y el padre, el pulso. Se había salvado el corazón del fútbol. El juego podía continuar y así lo hizo, casi una hora después. El Barcelona anotó dos goles más para ganar 0-4. El hincha seguía vivo.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti

Entrando en la página solicitada Saltar publicidad