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  • Diario Digital | miércoles, 19 de junio de 2024
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Claure, los niños y la demagogia

Claure, los niños y la demagogia

Por indisimulable morbo futbolero, he leído las últimas publicaciones en redes de Marcelo Claure sobre la desclasificación de Bolívar, el equipo que preside, del torneo Apertura a manos del recién ascendido San Antonio Bulo Bulo. Me llamó particularmente la atención el primer post que subió a Facebook tras el empate de los celestes (1-1) en el Siles. Su lectura me remitió a un pasaje harto conocido de “Los Simpson”, a estas alturas convertido en meme, en el que la esposa del reverendo Alegría exclama, entre sollozos: “¿Alguien quiere pensar en los niños, por favor?”.

Claure dijo algo parecido en su publicación para protestar por el arbitraje del partido de vuelta entre su club y San Antonio: “Celebrar esto es enseñar a nuestros niños que ganar mediante la trampa y el robo es aceptable”. Mientras la esposa del pastor llora pidiendo pensar en el riesgo de que la venta de alcohol en Springfield corrompa a la niñez, el mandamás de Bolívar lamenta que los niños aprendan a salirse con la suya apelando a lo que él considera “trampa” y “robo”: dos “penales evidentes” a favor del equipo paceño que no se cobraron.  

No me interesa enredarme en la polémica de si las jugadas en cuestión fueron o no penales. Ambas se analizaron en el VAR y se resolvieron en virtud a la interpretación del árbitro. Si este actuó para perjudicar a Bolívar, como insinúa Claure, es algo muy difícil de comprobar. Lo que me interesa de la intervención del presidente bolivarista es el recurso demagógico para ganarse la adhesión de simpatizantes. Lejos de discutir la cuestión técnica o reglamentaria de las jugadas, el empresario acude al “territorio sagrado” de la niñez que, como otros similares (“patria”, “familia”, “dios”), no admite una discusión reflexiva, sino un posicionamiento moral de sustrato sentimental. Quiere imponer su interpretación de la realidad con emociones antes que con razones. Denunciar un supuesto mal arbitraje se convierte en un acto de protección de la niñez boliviana.

Nada nuevo hay en el proceder de Claure, una figura pública que hace tiempo hace carrera política atrincherado en la dirigencia futbolística. No es gratuita su aparición en más de una encuesta que lo coloca como potencial candidato a la presidencia de Bolivia. Sus muy mediáticas iniciativas de asistencialismo, por las que consigue entrenadores y otros apoyos a deportistas (u otros talentos) bolivianos, son propias de alguien que quiere ganarse la simpatía de las masas. Alguien que, evidenciando y cubriendo los vacíos del Estado, pediría eventualmente que voten por él. No sería el primero ni el último: Mario Mercado, Guido Áñez o Carlos Romero son solo algunos nombres que se me vienen a la cabeza ahora mismo. Y aunque Claure lo niegue, no debería sorprender ni indignar que tenga aspiraciones políticas, pues está en todo su derecho. En consecuencia, tampoco debería sorprender su deseo de imponer un sentido común a fuerza de demagogia, una moneda de uso corriente entre la clase política.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti