Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 13 de abril de 2024
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Bolivia, sin himno ni música

Bolivia, sin himno ni música

Si me preguntan, el hecho más memorable del amistoso que Bolivia le ganó a Andorra por fecha FIFA fue el incidente del himno previo al inicio del juego. Lo digo en serio. Que los operadores de sonido del estadio 19 de Mayo de 1956, de Annaba (Argelia), confundieran el himno boliviano con otra música, y no una sino dos veces, dejó a los jugadores de la Selección y a sus seguidores en un estado de desconcierto raras veces visto en partidos profesionales. Un silencio incómodo se apoderó de los futbolistas de la Verde e hizo aún más evidente el vacío del escenario deportivo. Fue un recordatorio de los solos y extraviados que estaban los bolivianos en esa inhóspita ciudad argelina.

Lo que vino a continuación del himno pifiado, del hallazgo de la pista correcta al final del juego, fue algo muy parecido a una película previsible, tediosa y olvidable. Bolivia ganó por 1-0 ante un rival casi amateur, que, aun así, le puso en serios aprietos en más de una ocasión. La superioridad boliviana alcanzó para el gol de la victoria y poco más. Las deficiencias del seleccionado dirigido por Zago fueron la expresión más fiel de la chatura del fútbol profesional boliviano, del que proceden la mayoría de los convocados. Solo Fernández, que juega en Rusia, Vaca, con pasado en el fútbol de Bélgica, y Cuéllar, en la tercera división española, dieron alguna muestra de categoría superior a la de nuestro balompié. Por lo demás, la Verde ofreció un espectáculo tan patético como el del sonidista del estadio de Annaba al equivocarse de himno: desorientado y decepcionante.

Forzando algo más la analogía, podría pensarse que la ausencia del himno en la ceremonia previa habla de la ausencia de música en el fútbol de la Selección. Otra vez, lo digo en serio. Más que la canción equivocada, el episodio del inicio fue especialmente incómodo por el silencio que siguió a las grabaciones incorrectas. El silencio de esos instantes es el silencio del fútbol boliviano, que no es un silencio creativo o premeditado, sino el que resulta del déficit de música. El fútbol de la Verde es un fútbol sin música. Sin ritmo ni melodía. Sin composición ni emoción.

Si lo pienso en términos musicales, el fútbol de Brasil podría sonar a samba, bossa nova y, más recientemente, sertanejo. El de Argentina tiene una pulsión entre villera y ricotera. El alemán aspira a la brutalidad imperial de una sinfonía de Beethoven o una ópera de Wagner. El inglés es menos rocanrolero que electrónico, con más vértigo de rave que liviandad stoner. El de Francia pudo sonar alguna vez a jazz manouche, pero hoy tiene los colores del rock tuareg…

Y el fútbol boliviano, ¿a qué suena? El de la Selección de 1993-94 era tan seductor como una cueca, tan intimidante como una diablada. Pero, el de hoy no suena ni a bolero de caballería. No tiene el ímpetu elegíaco ni la aspiración épica de nuestra música de despedidas. Es silencio puro y duro. Carente. Vacío. Muerto. Un fútbol sin música, pues. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSantiºº

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