Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 17:25

Baldivieso y los entrenadores desechables

Baldivieso y los entrenadores desechables

Pocos lugares de trabajo tan inestables en Bolivia como la banca de un equipo de fútbol. El torneo apenas cumple sus fechas iniciales y ya suma un entrenador despedido y dos al filo de la cornisa. La dirigencia de Palmaflor removió a Julio César Baldivieso, tras la caída (2-3) en su visita a Nacional Potosí. El exmundialista empezaba a dirigir sus primeros partidos oficiales y no le iba mal: ganó dos de tres partidos y dejó al club tercero en la tabla. Su mayor traspié fue la derrota contra Wilstermann en la ida por Sudamericana, que tampoco se pinta irreversible, pues el resultado (1-2) ha dejado abierta la serie para la vuelta. Perder con Nacional Potosí era algo que estaba dentro de lo posible, tratándose de un cotejo de visita, ante un rival de nivel (también en Sudamericana) y al que le costó imponerse a Palmaflor. 

Baldivieso perdió ante el equipo conducido por Álvaro Peña, otro exmundialista y, a la sazón, otro técnico que ya había sido echado por la dirigencia de su club, tras la caída por Sudamericana ante Guabirá; una decisión que, sin embargo, fue rectificada. El otro entrenador que ya ha sido advertido de que no puede equivocarse más es Eduardo Villegas, también boliviano, esta temporada a la cabeza de Blooming. 

Que los tres técnicos más maltratados tras las primeras fechas del fútbol nacional y de la Sudamericana sean bolivianos, parece darle la razón a Baldivieso, quien, al saberse destituido de Palmaflor, dijo sentirse humillado y discriminado. Discriminado, dijo, porque es boliviano y fue reemplazado por un brasileño, Thiago Leitao. Tengo mis dudas de que la impericia de las dirigencias, a la hora de designar y botar técnicos, se guíe solo por eso que denuncia el cochabambino. Puede que haya algo de discriminación, pero no solo. 

Me temo que, cuando se trata de gestionar la conducción de la banca, la política imperante entre los dirigentes es la improvisación resultadista. En Bolivia, si un técnico pierde uno o dos partidos, parece estar ya condenado al desempleo, cosa que no pasa en ligas más profesionales, que sí atienden a otras variables, como la calidad de juego, el nivel de los rivales o los proyectos de largo plazo. Dicho de otra forma, tenemos en el país, con pocas salvedades, dirigencias ignorantes y sin personalidad: ignorantes en el sentido de que no entienden de fútbol y sin personalidad porque ceden a presiones -de hinchas, periodistas o cosas peores- que debieran saber manejar.

La política de contratar técnicos desechables, cual preservativos que se echan a la basura apenas abiertos y no necesariamente usados, es otra de las caras de la descomposición del fútbol boliviano. Qué podemos esperar de una actividad cuyos estrategas están más preocupados por conservar (y buscar) una ‘pega’ en vez de pensar y planificar su trabajo. Poco o nada.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA  A.

Periodista

@EspinozaSanti

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