Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 26 de junio de 2022
  • Actualizado 18:44

El arquero asesinado

El arquero asesinado

Netflix está infestado de docuseries sobre crímenes reales que parecen hechas con fotocopiadora. Una muerte misteriosa. Un asesino escurridizo. Una víctima no tan inocente. Un detective obsesionado. Unos familiares desconsolados. Algún periodista conspiranoico… La gran mayoría son productos salidos de EEUU, una tierra fértil en documentalistas y delitos violentos; pero cada vez son más los que llegan de sitios extraños en Europa, Latinoamérica o Asia.

El último de esos documentales seriados de “true crimen” que vi, pues debo reconocer cierta debilidad por el género, tiene origen en un lugar remoto, o no tanto: África o, para ser exactos, Sudáfrica. Se llama “Senzo: el asesinato de una estrella del fútbol” y es relativamente reciente, habiéndose estrenado en 2022. No es tan reciente el crimen que narra e investiga: el asesinato del arquero sudafricano Senzo Meyiwa, en 2014. La noche del 26 de octubre de ese año, el futbolista de 27 años, portero titular y capitán de la selección de su país, murió a tiros en la casa de la madre de su pareja, la cantante Kelly Khumalo. Dos extraños ingresaron a la casa donde estaban Senzo, su pareja, otros familiares y algunos amigos y le dispararon al arquero, que para entonces era ya una celebridad muy querida. El crimen se disfrazó de robo, pero los sicarios solo se llevaron un celular, nada más, pudiendo escapar con cosas tan apetecibles como un auto de lujo.

A riesgo de revelar mayores “spoilers”, me voy a detener en un par de cuestiones que me resultan sugerentes. La primera es que, pese a ser un relato en el que su protagonista es un futbolista, en sus cinco episodios apenas se muestran pequeñas secuencias de partidos de fútbol con la presencia de Senzo. No deben ser más de dos o tres imágenes que se repiten una y otra vez y en las que ni siquiera es posible advertir si el jugador era en verdad un deportista digno de la veneración que activó su muerte. Mucho me temo que este déficit futbolero se debe al formato estandarizado de este tipo de productos, que no se prestan a tratamientos diferentes a los impuestos por la industria del entretenimiento.

El otro asunto que me llama la atención es la imposibilidad de ofrecer respuestas convincentes sobre el crimen. Y este es un “problema” que no cabe achacarles a los documentalistas, sino al sistema policial y judicial sudafricano. Más que incapacidad, a las autoridades encargadas de investigar el asesinato se les nota una descarada falta de voluntad para encontrar a los asesinos, establecer los móviles del delito y concederle alguna paz a su familia. Tan desalmados se descubren los ministros y jefes policiales sudafricanos, que me han recordado a nuestros propios operadores de justicia. He ahí la universalidad del relato.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti

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