Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de mayo de 2021
  • Actualizado 18:34

Algo más sobre los técnicos desechables

Algo más sobre los técnicos desechables

En la anterior entrega de esta columna ya había advertido que la suerte que había corrido Julio César Baldivieso en la banca de Palmaflor estaba a poco de replicarse con Álvaro Peña en Nacional Potosí. Dicho y hecho, el entrenador cruceño dejó su cargo en el cuadro potosino, tras el partido de vuelta por Copa Sudamericana ante Guabirá, que acabó favorable para los de Montero por 1-2. Si la goleada en la ida (1-4), jugada en Santa Cruz, ya había precipitado un despido fallido de Peña, una nueva derrota, esta vez de local y para despedirse del torneo internacional, era una condena segura de desempleo.

Podría pensarse que la desvinculación de Bam Bam Peña se antoja más justificada que la del Emperador Baldivieso, en vista de que el primero no fue capaz de clasificar a su equipo a la siguiente fase de la Sudamericana. Es discutible. Cinco partidos, que son los que dirigió el exmundialista cruceño, son insuficientes para evaluar el trabajo de un entrenador, al menos en torneos profesionales. El exmundialista cochabambino tuvo incluso un cotejo menos, cuatro, y aun así fue intempestivamente destituido de Palmaflor, cuando no había indicadores suficientes para establecer si su desempeño en el club del Valle Bajo era óptimo o no. La temprana deposición de ambos es, insisto, un síntoma del deficiente profesionalismo de un fútbol que se hace llamar así.

Los dirigentes son los responsables casi exclusivos del modo chapucero en que se administra la contratación de técnicos en Bolivia. Son ellos los que, al fin de cuentas, toman las decisiones de fichar y echar a un DT. Y ellos, los que deben hacerse cargo de los gastos que derivan de la rescisión de contratos, que suelen ser altos y hasta degeneran en indeseables procesos legales. Sin ir más lejos está el caso de Cristian Díaz, quien fue cesado por la dirigencia de Wilstermann antes de lo estipulado, razón por la que demanda al club una altísima deuda cuyo pago está en manos de instancias jurídicas.

Ni siquiera ese desafortunado precedente impidió que la semana pasada parte de la hinchada wilstermannista fuera a pedir, hasta el campo de entrenamiento y de forma violenta, la cabeza de Mauricio Soria, por motivos que no acaban de ser claros, más allá de la tirria que le tienen al entrenador aviador. La victoria y posterior clasificación de Wilster en Sudamericana ha calmado las aguas, pero no completamente. La amenaza aún se cierne sobre Soria, pese a que su eventual despido conllevaría gastos onerosos y desestabilizaría a un equipo que debe afrontar el campeonato boliviano y la fase de grupos de la Sudamericana. Algo de culpa tiene la hinchada, y hasta cierta prensa deportiva, pero, una vez más, la decisión está en manos de la dirigencia.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA  A.

Periodista

@EspinozaSanti

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