Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 24 de junio de 2024
  • Actualizado 21:42

El affaire Martins-Conmebol

El affaire Martins-Conmebol

En la anterior entrega de esta columna, había manifestado que si algo esperaba de Bolivia en la Copa América era que Marcelo Martins anotara algunos goles más para tener chances de atraer a un mejor club que su actual, el Cruzeiro atrapado en la segunda división brasileña. No sabía, como se supo unas horas después, que el delantero boliviano había dado positivo al examen de coronavirus que le hicieron a su llegada a Brasil con la delegación nacional. Menos aún pasaba por mi cabeza que nuestra estrella se atrevería a hacerle un guiño a Maradona, pero no al Maradona del campo de juego, sino al de fuera de las canchas, al bocón que les cantaba sus verdades a los “dueños” de la pelota.

A través de sus redes sociales, Martins cuestionó a la Conmebol por organizar una Copa América en medio de la pandemia, sin considerar los brotes de covid-19 que se reportaron, principalmente, en las plantillas de Venezuela y Bolivia. Escribió que a los dirigentes no les interesa la salud de los futbolistas, sino solo “la plata”, lo que le metió mecha al campo minado en el que se viene celebrando el torneo regional. Como era previsible, a Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, y sus secuaces no les cayó nada bien el rapto de insubordinación del futbolista boliviano, por lo que anunciaron la apertura de un proceso disciplinario para sancionarlo. A la postre, nuestro goleador hizo un comunicado desautorizando la publicación previa en sus redes sociales y ponderando el esfuerzo de la Conmebol para organizar la Copa América. El gesto calmó en buena medida las aguas y le procuró cierta benevolencia: lo sancionaron con la suspensión por un partido oficial y 20 mil dólares de multa, mucho menos de lo que se temía.

Hasta aquí, nada que no sea del dominio de la opinión pública. Lo que sigue siendo un misterio es el origen del arrebato de Martins. Porque, por un momento, dio la impresión de que el capitán boliviano estaba genuinamente indignado por el proceder de la dirigencia del fútbol. Tanto así que sumó adhesiones y muestras de admiración por doquier (como las de Chilavert, un legendario bocón del balompié). Sin embargo, su disculpa posterior sembró dudas. Su honestidad brutal acabó cediendo al temor hacia los dueños de la pelota. Bajó la cabeza, guardó silencio, besó la mano de Domínguez y le hizo saber que ya no volvería a pensar, que solo se abocaría a meter goles. Y esa, que puede ser una buena noticia para la Selección boliviana, es una muy mala para el fútbol.  

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti