Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 10:29

Inoperancia en tiempos de pandemia

Inoperancia en tiempos de pandemia

La vuelta a la normalidad con ampliación de horarios de circulación, retorno a los espacios públicos de recreación y una inmunidad colectiva inalcanzada, está abriendo las puertas a una tragedia, mientras autoridades de otras ciudades del primer mundo, con sistemas de salud en mejores condiciones que el nuestro, están retomando medidas de restricción de circulación, distanciamiento físico y de cuarentena, debido al incremento de infectados con COVID – 19.

En las calles de la ciudad se observan ciudadanos aglomerados que han relajado las medidas de bioseguridad, circulando codo a codo de manera irresponsable por las calles en medio del tumulto, mercados, puertas de entidades públicas, en el espacio público congestionado por vehículos, comerciantes y personas que cambiaron de rubro en búsqueda del ingreso diario, conformando una escena cotidiana tras una gestión deficiente que no ha sabido enfrentar adecuadamente las consecuencias de la pandemia.

Los separadores de acrílico o vinil entre el conductor y  los pasajeros se rompen a pedazos o lucen sucios y descuidados, los dispensadores de alcohol se encuentran vacíos o inexistentes, la reducción de pasajeros está entrando en un olvido cínico o consensuado. Los micros y trufis que nos comunican con otros municipios, Sacaba, Quillacollo o Tiquipaya, recorren repletos de ilusos que creen haber salido victoriosos de la pandemia, y ya se anuncia, desde otras ciudades, la vuelta al cien por ciento de la capacidad de pasajeros en el mal llamado transporte público.

Proyectos de peatonalización y ciclovías, nacidos de manuales de contingencia y recomendaciones de salud para frenar la curva de contagio en el espacio público, han sido mencionados al momento de presentar planes y proyectos para el centro de la ciudad. Poco o nada de estos sueños representados en animaciones computarizadas han sido materializados, aunque desde la ciudadanía en crisis, todavía existe la predisposición a aceptar este tipo de intervenciones urbanas.

Este año, desde la Secretaría de Planificación y la Dirección de Movilidad, la Alcaldía proyectó la peatonalización del centro de la ciudad, las calles Baptista, España, Bolívar, Sucre, General Achá, Nataniel Aguirre, Santiváñez y Jordán estaban en la lista. Ellos también proyectaron un circuito de ciclovías (reciclaje y collage de proyectos pasados) para conectar el centro de la ciudad con las zonas alejadas. Dichas propuestas no pasaron de la presentación de diapositivas, sin cronograma de ejecución, ni presupuesto, mostrando otro sinsentido sin compromiso ante la necesidad y la urgencia., pese a la solicitud de los representantes ciclistas locales.

La pandemia también fue marco para respuestas venidas desde arriba, con los mismos argumentos de siempre: grandes estudios y costosos sistemas de transportes sostenibles e intermodales que no pasaron del discurso, al igual que las opiniones de expertos especialistas emergentes en movilidad y transporte que nos infoxicaron de recomendaciones desde eventos “huevinar”, tomando la oportunidad como trampolín laboral, político o intelectual para figurar en el escenario. Poco de lo discutido se ha concretado, porque no existen acciones comprometidas desde la mirada del bien común, solo proyectos para justificar gastos y más estudios.

En ese marco de crisis, invitemos a alcaldes suplentes o elegidos, concejales y técnicos a abordar el transporte público, como octavo pasajero de un trufo Ipsum, a recorrer las rutas del eje metropolitano en hora pico para someterse a las mismas condiciones en las que se mueven las grandes mayorías, para dejar el discurso de escritorio. Invitémoslos a vivir la ciudad en bicicleta, para recibir el revés de una sociedad intolerante con poca cultura ciudadana que maltrata a peatones y a los que van en dos ruedas “contra ruta”, en ciclovías fragmentadas, inseguras y pobremente demarcadas con pintura, balizas que hoy se rompen y desaparecen.

Instamos a materializar las ciclovías con la participación de las agrupaciones vecinales, de profesionales y colectivos de ciudadanos en un trabajo colaborativo afianzado en el capital social, conscientes que un cambio con acciones inmediatas es necesario y que se va nuevamente la gran oportunidad para incorporar una modalidad de transporte sostenible y limpio. La población todavía esta predispuesta al cambio, entendiendo que “ninguna acción para mejorar nuestro espacio público y de cuidado del medio ambiente está demás en las ciudades”, considerando los efectos positivos multiplicadores de la construcción de ciclovías seguras para incidir en la mejora de la cultura ciudadana,  la movilidad urbana y la convivencia sana.

No puede existir “nueva normalidad” con viejas actitudes que privilegian al parque automotor con parqueos tarifados inamovibles y proyectos inacabados. Servidores públicos: ¡La pandemia les está tomando examen y están camino a reprobar! Les recalcamos una y otra vez, nosotros los que día a día recorremos las calles en “contra ruta” a las viejas políticas de hacer ciudad en una ciclovía fragmentada, insegura e inconclusa ante la búsqueda urgente de una opción de transporte seguro y sano.

RE-HABITAR

RICHARD N. MAMANI C.

Arquitecto y miembro del Taller colectivo reflexión y de acción territorial Re-Habitar

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