Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 18:05

Extractivismo urbano y destrucción de ciudad

Extractivismo urbano y destrucción de ciudad

La publicidad en los medios de comunicación y las redes anuncian la construcción de una ‘mega obra’, ubicada en pleno centro de la ciudad. Vociferan que será el edificio más alto (30 pisos o más), “ubicado en el lugar más céntrico, a pocos pasos de…, pronto…”, sumando argumentos de reactivación económica. Es así que el edificio más alto de la ciudad de Cochabamba pretende ser construido, en base a un discurso de derrame y distribución de riqueza en tiempo de pandemia, apoyado en la Ley Excepcional Municipal Nº 661 de “Fomento a la construcción para la reactivación económica”.

Este tipo de presentaciones insinúan recatadamente la apropiación de plusvalías, un término nada ajeno a la población que está familiarizada con frases como: “la zona de más alta rentabilidad” o “la compra de suelo urbano, la mejor inversión”. Slogans que dan cuenta de “estrategias de destrucción creativa de ciudad” hechas ley, reglamento excepcional y proyecto de edificación para dar continuidad a un “extractivismo urbano” a nombre de reactivación económica.

Tiempo atrás, románticamente escuchábamos que las normativas de edificaciones del municipio impedían que las construcciones nuevas superaran la altura de los campanarios de las iglesias, hoy esas disposiciones son historia, la destrucción y tortura del perfil urbano del centro histórico de la ciudad de Cochabamba está a toda marcha con ley y reglamento en mano. Los “planes libro”, la catalogación recurrente del patrimonio arquitectónico y la delimitación de perímetros de protección del centro histórico no han superado la estantería municipal. Todos somos testigos de la caída, demolición y deformación autorizada de casonas, mal llamadas intervenciones de revitalización, restauración o densificación que buscan justificación en las galimatías y vacíos legales rebuscados amañados desde la imaginación de algún técnico municipal.

Hoy en día, la “ciudad sorprendente” se construye destruyendo lo viejo planificando con lo nuevo improvisado, sobreponiendo y borrando el perfil urbano de nuestra ciudad como expresión del fracaso acumulado de las instancias municipales llamadas a conducirlo y protegerlo. 

En un tiempo corto, todos los habitantes de esta ciudad vemos “mamotretos fálicos” de hormigón armado, desparramados en la ciudad como símbolos del triunfo de la corruptela y la especulación inmobiliaria extractivista ¿Qué está haciendo la gestión municipal, los llamados servidores públicos negociando los intereses de la colectividad, vendiendo ciudad? ¿Acaso seguirán elaborando leyes y normativas excepcionales a pedido, para hacer el camino ancho para algunos y angosto para otros, para satisfacer las ansias acumuladoras del capital privado con la destrucción del patrimonio y el perfil urbano?

No vienen mal a la economía urbana las grandes inversiones y el desarrollo de nuevas edificaciones, si la implantación de esta considerara a la ciudad a partir de la idea de “metabolismo urbano”. Las aguas negras no desaparecen una vez pasada la acometida, al igual que la basura una vez depositada en el contenedor o en el carro basurero. Los impactos a corto y mediano plazo tendrán sus repercusiones: pérdida de identidad, aburguesamiento, incremento desmesurado del valor de suelo en una ciudad descuidada que poco o nada avanza en el mejoramiento de su planta de tratamiento de aguas residuales, el tratamiento de residuos urbanos, la renovación de redes de alcantarillado y de distribución de agua, en la mejora de la oferta de otras modalidades de transporte público y otros, ¿Cómo satisfacer la demanda actual y las cargas de la demanda futura?

La densificación urbana planificada debería pensarse a partir de la consolidación, ocupación de suelo vacante en el centro y en la periferie, cesiones ambientales, respeto por el patrimonio construido, el desarrollo de nuevas centralidades urbanas con disponibilidad de redes de servicios (soporte urbano), la disponibilidad de áreas verdes y de transporte público limpio (soporte ambiental) dentro de una renovación urbana planificada (con ofertas de vivienda con mezcla social y de actividades) en sus aspectos físicos, sociales y ambientales, apoyada en la financiación urbana en base a captura, inversión y redistribución de plusvalías.

La ciudad mercantilizada en la que vivimos permite prácticas de usurpación de bienestar e inseguridad jurídica al no existir límites en los derechos de “propiedad”, donde todos los caprichos son posibles a nivel de subsuelo, suelo y vuelo. La ausencia de la función social y ambiental del suelo en la planificación urbana se reproduce en la ambigüedad de legislaciones y reglamentos que otorgan incentivos sin contraprestación, resultado de la falta de imaginación e innovación legal urbana, orientada a la disminución de brechas y desigualdades urbanas.

¿Cuándo se pensará con y para la gente y no solo con los bolsillos de los negociantes de la ciudad? ¿Cuándo se verán estos incentivos (incremento de potencial constructivo) sin contraprestación como una pérdida de financiamiento urbano? Vanos serán los reclamos y pronunciamientos de abrogación de estas leyes desde la ciudadanía directamente afectada, las instancias colegiadas y representaciones de profesionales, cuando todo el negocio inmobiliario extractivista viene en sobre cerrado.

RE-HABITAR 

RICHARD NELSON MAMANI C.

Arquitecto / miembro del Taller colectivo reflexión y de acción territorial / Re-Habitar

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