Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
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¡Ciudades sostenibles ya!

¡Ciudades sostenibles ya!

En octubre del 2018, volquetas y tractores irrumpían en la plaza principal 14 de Septiembre con carteles adosados con el rotulo: Edificios sustentables ya!!!, en una manifestación movilizada de obreros y contratistas, orquestada por las empresas constructoras de nuestra ciudad, solicitando la aprobación de proyectos, la agilización de trámites y, ante todo, la aprobación del reglamento de la Ley Nº 211 de Edificaciones sustentables. A 20 meses de este suceso, hoy se aprueba una disposición similar calificándola como Ley excepcional Nº 661 de “Fomento a la construcción para la reactivación económica”, cuyo fin es el mismo: incrementar el número de pisos en las nuevas edificaciones y de la apropiación de las plusvalías.

Antes, el componente ecológico ambiental era la excusa ideal para promover dicha actividad usurpadora, hoy es el componente económico de reactivación sectorial. Estas legislaciones urbanas todavía se enmarcan en conceptos caducos de desarrollismo y crecimiento ilimitado, constituyéndose estas en fuentes comprobadas de las desigualdades hoy vividas. Que olvidan intencionadamente al componente social del desarrollo sostenible y sus interrelaciones, redireccionando marcos legales locales, de madre tierra, sistemas de vida y protección ambiental haciendo de estas una retórica transmutada en legislaciones sin compromiso con la realidad.

De la misma manera se recurre a la reconceptualización de la densificación urbana concebida ahora como la concentración de edificaciones de mayor altura a voluntad de constructores e inmobiliarias en áreas de mayor rentabilidad, negando la redistribución de plusvalías generadas de manera colectiva y fomentando la usurpación de estas sobreganancias. La ambigüedad con que se redactan estas normas evita tomar en consideración las contraprestaciones que este tipo de incentivos que deberían generar para la ciudad con la recuperación de plusvalías urbanas para permitir mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la ciudad, financiando redes de servicios básicos, espacio público y vivienda social entre otros.

Además este tipo de normas, son el origen de la proliferación de construcciones “insustentables” que contribuyen a la imagen de caos y la contaminación ambiental urbana, que representan “el triunfo del dominio del mercado sobre la planificación urbano-ambiental”, consecuencia de la priorización de intereses sectoriales por encima de los colectivos. Se definen así las condiciones para la profundización de las desigualdades, la generación de conflictos futuros ante la ausencia de infraestructura y equipamientos, el dislocamiento y rotura del tejido urbano social, la especulación y desplazamiento, la deformación del patrimonio urbano construido, y el sufrimiento de la ciudad misma con la irrupción de mamotretos de hormigón y ladrillo hueco.

La materialización física de estas disposiciones es producto de una patología crónica, servil y decadente que sobrevive en instancias técnico legales municipales, acostumbradas a elaborar normas a pedido, un “delivery urbano legal”, fruto del clientelismo e inmediatismo vigente. Este aparato público juega a favor de la rentabilidad sectaria clientelar, confirmando así, que todas las civilizaciones desarrollan los fermentos de su propia destrucción, en este caso a través de “perdonazos”, amnistías, incentivos o leyes excepcionales.

Es necesario develar el reverso de estas disposiciones que “venden” la ciudad en nombre de una falsa sostenibilidad, reactivación económica sectorial o densificación improvisada, también evidenciar que construir la ciudad con “buenas intenciones” de reactivación económica no será suficiente para enfrentar las repercusiones de la “nueva normalidad” en todas las realidades y niveles sociales que hacen a nuestra ciudad. 

Necesitamos avanzar hacia legislaciones y normativas urbanas amplias, integradoras, cuya aplicación ha permitido importantes transformaciones en otras ciudades latinoamericanas como la “captura de plusvalías” y su redistribución través de instrumentos de gestión de suelo urbano innovadores, adaptados a nuestras ciudades para reducir las brechas que hoy nos afectan, para pensar en ciudades capaces de afrontar las adversidades de riesgos biológicos y naturales, hoy y mañana, generando una diversidad de respuestas en las ciudades a través de capacidades adaptativas, organizativas y de aprendizaje social.

Debemos apostar por una “nueva normalidad”, de la bicicleta, el compost, el reciclaje, con densificación que incluya vivienda social, responsabilidad ambiental en el manejo de residuos urbanos, arborización urbana, forestación y preservación de áreas protegidas y productivas en todas sus escalas desde la metrópoli a la ciudad, del espacio público al huerto urbano barrial y familiar. De esta manera se fortalecerá la función social de la planeación urbana, las acciones colectivas y la renovación de compromisos sociales y ambientales que promuevan buenas prácticas para la construcción de hábitos y normas de vida, que superen a un “maquillaje verde” urbano y la generación de leyes excepcionales que no nos aproximan a la construcción de ciudades más sostenibles.


RICHARD NELSON MAMANI CALLISAYA

Arquitecto / miembro del Taller colectivo reflexión y de acción territorial / ReHabitar

[email protected]gmail.com

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