Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de octubre de 2022
  • Actualizado 18:36
Sabia tercera edad

La inclusión en toda colectividad organizada es el punto vital para su postrer e incesante desarrollo: la sabiduría de nuestras comunidades campesinas, a través de los abuelos de la tercera edad, aportan positivamente para el trasvase comunidad-ciudad, que es una fuerza irreductible que impele a los jóvenes campesinos para su progreso intelectual.

El problema surge en las ciudades, donde la pérdida de la relación produce efectos desastrosos. Precisamente los abuelos son inexcusablemente necesarios para el equilibrio intergeneracional, porque conocen el proceso y se han adaptado a las transformaciones sin perder sus valores tradicionales. De ahí emerge la realidad que el progreso, el auténtico progreso, no es sino la tradición en movimiento. Lo demás no es otra cosa que la deshumanización de las relaciones sociales, el vívido contacto con el ascendiente y el descendiente, sin olvidar al prójimo.

¿Considerarán los abuelos como un placer dedicar la mayoría de su tiempo, sino es todo, al cuidado de los niños? Según las estadísticas, el 2% lo consideran como una obligación y el 82% están en el séptimo cielo de contentos por hacerlo, pero lo justifican por la necesidad de trabajo de los  padres y valoran esta traslación de responsabilidad, que la realizan en stricto sensu del apostolado. El resto del porcentaje no expresa su sentir puntual.

En una sociedad universal, donde existen 800 millones de personas de más de 65 años, con un pronóstico de llegar a 1.900 millones antes de 50 años, es preciso reflexionar sobre su calidad de vida, pues, una cosa es hacerse viejo y otra distinta es crecer y madurar. Estos abuelos que viven en buena relación con sus familias confrontan un problema de las personas mayores que viven solas y no se saben queridas ni necesarias.

Esta  sensación de soledad impuesta y no asumida de desvivirse al constatar cada día una nueva dolencia anatómica o falencia mental, una dificultad en la elasticidad de los movimientos, deteriorando la autonomía y la calidad de vida, convirtiendo a los abuelos  que podrían ser fuentes de experiencia y sabiduría, en seres que procuran pasar inadvertidos, hasta hacerse casi invisibles. No quieren estorbar  y se hacen dolorosamente… invisibles.

Esto acontece porque la indolencia y la carencia de sensibilidad, de conocimiento de la imperfección de los humanos, permite la imposición del grosero y torpe concepto que solo el joven es hermoso y valioso, por productivo. Abdican a un mundo de valores, sin los cuales vivir carece de sentido y se tropieza y cae en el abismo que más vale lo que cuesta (...).

FORO

RAÚL PINO-ICHAZO T.

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política

[email protected]

Entrando en la página solicitada Saltar publicidad