Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 26 de junio de 2022
  • Actualizado 19:31

Prolongar la infancia

Prolongar la infancia

Será una búsqueda fructuosa examinar los innumerables libros de historia, sociología, derecho, filosofía y moral, e infructuosa si se desea referencias al hecho que todos los seres  humanos comienzan siendo niños y que todos los pueblos se inician en las guarderías.

Es un rasgo humano aspirar a una infancia prolongada  y feliz que, ahora, tristemente se  ve contrariada por la obligación de interrumpir la inocencia y la despreocupación debido al necesario esclarecimiento de los actuales y terribles flagelos de las drogas, el alcoholismo, tabaquismo y la depravación sexual que origina el Sida, aspectos que ampliamente se detallan  en mi libro “Adiós a las drogas y a la adicción “. 

Ante esa  ensombrecida realidad es civilizado que la infancia  sea cada vez más prolongada ¿Por qué  la infancia debería durar más?, porque  esa duración de la infancia hace del hombre un virtuoso mental en su oficio o profesión en el área elegida, aunque deja en él  un residuo casi permanente de inmadurez  emocional.

Es innegable que las naciones compuestas por grupos étnicos de formas muy intuitivas e inteligentes utilizan la educación infantil para alcanzar una acabada  identidad humana, sin embargo, en la actualidad la única versión de la integridad está y permanece acosada por peligros irracionales como las drogas, el alcohol, el tabaquismo y las enfermedades sexuales que mencionábamos, y que interrumpen abruptamente a la infancia como la más maravillosa etapa de la vida. 

Recurriendo a la fiel y veraz historia, los más implacables  explotadores de la lucha de cualquier nación por una identidad segura  han sido Hitler y sus colaboradores. En solo una década  se constituyeron en los amos políticos y militares  indiscutibles, pertenecientes a un  pueblo grande, estudioso e industrioso.

Para impedir que estos expertos  en palabras baladíes o fútiles llegaran a ser una amenaza para toda la humanidad occidental, se movilizaron los capitales o recursos de las naciones  industriales del mundo.

Lo que ocurrió es de conocimiento mundial y las tropas de ocupación, después de proveer con raciones  alimenticias y una solvente administración, entendían y entendieron bien que esos mismos alemanes resurgirán como buenos ciudadanos y volverán a  dedicarse a la cultura y olvidarán, aunque  con comprensible dificultad y para siempre, las veleidades marciales  en las se vieron atrapados.

Admirable superlativamente es observar hoy a Alemania, y no estaríamos alertas  olvidando pronto lo ocurrido, por lo contrario, un mundo civilizado y más humano debe reconocer  que el milagro negro del nazismo fue solo una versión germana notablemente planeada, de un potencial contemporáneo universal. Tristemente la tendencia persiste por los  actuales movimientos nazis en EEUU y Europa; el fantasma de Hitler cuenta con ello. En estos días, observamos la guerra y la invasión a Ucrania por Rusia con la excusa de la desnazificación que es un desatino imperdonable y una aberración histórica, pues la mayoría de los habitantes de Ucrania ostenta origen judío. El motivo es tan prosaico como la expansión territorial y la destrucción de un país proclive con los principios democráticos de la Unión Europea.

Es útil, ausente de morbosidad, citar la descripción que realiza el propio Hitler de su infancia en su libro  “Mein Kampf” o “ Mi Lucha “, que lo comenté en otra columna:

“En esta pequeña ciudad junto al río Inn, bávara por la sangre y austriaca  por la nacionalidad, iluminada por la luz del martirio alemán, vivían, hacia  fines de siglo pasado, mis padres: el padre era un fiel funcionario público, la madre  se dedicaba al cuidado de la casa y de sus hijos con una devoción amorosamente igual”.

La estructura de las oraciones, la cualidad tonal, nos infieren  que estamos leyendo un cuento de hadas o un mito, aunque  un mito antiguo o moderno  no es una mentira. Las personas  afectadas por el nazismo no pondrán en duda la verdad o la lógica y comprobarán que su razón queda paralizada.

Como colofón escribo que estudiar un mito desde la infancia y hacerlo críticamente, significa analizar sus imágenes y sus temas  en relación directa con el área cultural afectada.

FORO

RAÚL PINO-ICHAZO T.

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política

[email protected]

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