Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 26 de noviembre de 2022
  • Actualizado 14:51

Mujeres al sacerdocio

Mujeres al sacerdocio

Existen antecedentes históricos sobre la acción de poder  que ostentaban las mujeres en la Iglesia católica que seguidamente detallamos con concisión y, precisamente por esos  datos preexistentes, no es consecuente la demora y la dilación en la decisión  de apertura a las mujeres al ejercicio del sacerdocio.

Vamos hacia la historia relatando como hechos incontestables que en la antigüedad ya existía el diaconato para mujeres que lo desplegaban con el suficiente conocimiento de los sacramentos y cuáles de ellos podían administrar o no, y las demás funciones. Como hasta ahora, la consagración era de ámbito exclusivo de los sacerdotes ordenados. 

Hoy, ante la recurrencia de los casos de pedofilia perpetrados por clérigos, se hace imperativa la incorporación de las mujeres al sacerdocio por su indeclinable amor y ternura por las niñas y niños, debido a que son ellas que les dan vida, constituyen un superlativo aval y recaudo para eliminar los casos de este aberrante delito sexual, que genera de por vida irreparables daños psíquicos y una desestabilización de la paz interior a miles de niños que fueron vejados. 

Solo hubo un intervalo corto sin noticias sobre pedofilia en la Iglesia, hasta hoy, que la prensa local e internacional nos desvela nuevos escándalos en Francia con cientos de niños afectados. Queda el lacerante dolor por aquellos casos que no son conocidos, encubiertos y sin acceso al conocimiento de la comunidad mundial.

Sin la oscilación de la duda, el diaconato ejercido por mujeres era una consecuencia de la vocación que residía en ellas y por el estudio profundo de la canonjía y de los libros sagrados que acometían; naturalmente para plácemes de los fieles  que se sentían gratificados por el diligente desempeño del diaconado.

Otro preexistente histórico excepcionalmente fundamental era la actividad y la disposición de poder de las abadesas  en la Edad Media y lo ejercían  para promover y trasladar en sus funciones a los párrocos de un lugar a otro.

Independientemente de esos valiosos  y significativos antecedentes, existe un clamor universal para que la Iglesia católica incorpore a las mujeres con vocación, como se hace con los hombres, al sacerdocio. 

Debe considerarse la invaluable impronta de las mujeres cuando se deciden por una actividad siempre incorporan a la misma una nueva visión y remozamiento, destronando al instinto, a la rutina y la molicie y, definitivamente, porque es su inalienable derecho para la plena igualdad de género. 

La Iglesia católica, hoy más que nunca, ante la execrable repetición de casos de pedofilia encubiertos en su mayoría por otros prelados, necesita un remezón de quilla que reconquiste a los fieles que desconfían de los sacerdotes y la abandonan y atraiga a las generaciones jóvenes a través de una deseada, demostrable y monolítica credibilidad.

FORO

RAÚL PINO-ICHAZO T.

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política

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