Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 27 de septiembre de 2021
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La codicia política

La codicia política

La codicia  es uno de los irrefrenables sentimientos que persiguen a las personas en pos de enraizarse en ellas y constituirse en actitud, entonces, se transforma en codicia social que consiste en experimentar un apremiante deseo de adquirir un status o situación social o algún valor cultural. 

La codicia política es la más peligrosa y perversa, pues cuando se la consigue se dispone de poder y oportunidades para ingresar a la corrupción. ¿Cómo se evitaría esta degeneración de la política?, simplemente siguiendo invariablemente las enseñanzas de los antiguos griegos que antes de asumir un cargo político o público juraban solemnemente “solo servir al pueblo” y,  cumplían, pues servir al pueblo era para ellos un apostolado.

Cuando la política rige la acumulación de riqueza se crean  sociedades  en constante progreso, pero insensibles a las mayorías, además que ese paroxismo de progreso les conduce a no saber  hacia dónde progresan, por ello el progreso no debe ser ciego sino distributivo y la riqueza debe repartirse en diferentes modos  e inmediatamente a la población más necesitada para que pueda mejorar su condición.

La codicia  de conocimiento  que tiene su origen en el vocablo latino curiositas, quizá sea el único caso de codicia que ostenta justificativo, pues es conocido que el conocimiento es poder, siempre que no sea  a costa de los demás. También la codicia por conocimiento tiene vertientes con el poder y el rendimiento.

Erich Fromm decía “el hombre  puede ser codicioso y el resultado es un vacío espiritual”, como fundamento de la hipotética situación de las personas que ingresan a una desproporcionalidad  a causa  de su codicia que no encuentra  límite ni se satisface, estado que Jean Paul Sartre lo establece como “la codicia del hombre es ser Dios”.

La codicia tiene otras connotaciones negativas y su origen reposa en la mitología si  retrotraemos a la memoria el relato del Rey Midas al cual solo le apremiaba la posesión del oro.

¿Cabría  la calificación de emocional a la codicia o es solo un exceso de adquirir riqueza? Se puede  señalar  a la codicia como humana con dos vertientes para su mejor comprensión: una es la aseveración que la codicia radica en la naturaleza  de la humanidad, empero, esa  codicia  puede estar dirigida  a conseguir  cosas buenas; la otra  solo por su calidad de deseo  irrefrenable, como lo referíamos sobre el Rey Midas, es el prosaico afán de posesión.

Otro ejemplo en la literatura es la genial concepción del poeta alemán Goethe, donde el mago Fausto vende su alma al Mefistófeles a cambio de saber de los bienes terrenales.

FORO

RAÚL PINO- ICHAZO T.

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación

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