Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de febrero de 2023
  • Actualizado 12:34

Feminicidios, agresiones y amor así mismo

Feminicidios, agresiones y amor así mismo

El epígrafe se aplica a la estimación de sí mismo,  como  a la voluntad  resultante de ella y la tendencia al propio bien. Es el instinto de auto conservación propia de toda persona que aprecia la vida manifestada por el conocimiento, la voluntad y la interrelación con el prójimo, hoy, por la persistente pandemia, imprescindible.

El amor propio se vuelve contra todo lo que  a su entender disminuye o aniquila la propia existencia y demanda o reclama lo que la conserva y fomenta. Con el último párrafo se descarta la violencia que acaba con la vida  y la perniciosa y punible instigación a aquella como sucede actualmente con las recurrentes y execrables agresiones que decantan en feminicidios, perdiéndose invaluables vidas.

El amor ordenado a sí mismo se enraíza en el instinto de conservación y tiene como fin inmediato la persona sirviendo mediatamente a la conservación de la especie; es un deber moral porque el fundamento verdadero y más profundo de la autoestima reside en la condición de ser imagen de Dios.

Esta imagen que con su gama de actividades deben las personas conducirla a su mayor perfección, es decir, no quitar la vida al prójimo, con y sin intencionalidad, aunque piense diferente.

Este amor es ordenado cuando siguiendo la correspondiente serie de valores, persigue  los bienes a la esencia de las personas  y, con esa aspiración, no perjudica al prójimo  ni a sus derechos, no los avasalla ni los conculca.

El amor a sí mismo ordenado rectamente no puede estar jamás en contradicción con el verdadero bien de sus semejantes (prójimos) antes, por lo contrario, es necesario para  este.

Cuando todos en una población piensan en su perfeccionamiento esencial, el orden y el bien de la comunidad están bien asegurados, siempre y cuando los que disponen de autoridad  y capacidad para ejercerla no la utilicen para fines propios y egoístas en detrimento de la población, a la cual nunca  osar subestimarla pues acumula criterio y sentido común constantemente.

Precisamente aquí es cuando el amor a sí mismo se torna desordenado porque  antepone  los  bienes inferiores y subalternos a los superiores, y reclamándolo todo indebidamente  para sí, sin meditar,  y cuando lesiona a la población en su seguridad y derechos inalienables.

Es la degeneración por egoísmo del amor propio que, además del incumplimiento del deber ético del amor a sí mismo causa daños en las decisiones y en la vida, ejemplificando: quien por egoísmo deja de hacer esfuerzos  para lograr su propio desenvolvimiento y perfección, genera caos.

FORO

RAÚL PINO-ICHAZO T.

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política

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