Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 03 de diciembre de 2022
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Dominio de sí mismo

Dominio de sí mismo

El caos y la crispación colectiva que en estos días  sobrepuja a la paz, tiene  como causa la carencia de dominio  de sí mismo.

 ¿Qué es el dominio de sí mismo? Es simplemente una de las manifestaciones del valor o se puede considerar como la esencia primitiva del carácter; esta cualidad debería caracterizar a los políticos, que en Bolivia, la mayoría son diletantes sin estudio obligado de la Ciencia Política, para luego, con ese estudio requerido, actuar como político y gestionar mirando adelante y atrás, que es la distinción principal entre hombre y bruto. Es cierto que sin el dominio de sí mismo no podría haber verdadera grandeza en la política.  

El dominio de sí mismo es la raíz de todas las virtudes, así una mujer u hombre que libere las obligadas represiones y contenciones  a sus sentimientos o pasiones, renuncia tácitamente a su libertad moral y son arrastrados, sin solución de continuidad, por la impetuosidad de las corrientes de la vida y se esclaviza  a su más violento capricho y deformación al juzgar al prójimo y a la población.

Para elevarse sobre el bruto y ser una persona moralmente libre, se requiere la fuerza de resistir los impulsos instintivos y no se adquiere sino por el hábito de dominarse.  

En el hábito se encuentra el mayor apoyo para el carácter, según sea la voluntad dirigida hacia el bien o el mal, entonces, será para la población el político más ecuánime, justo y libre de prejuicios, o el tirano más cruel; el primero guía a la población hacia el bien y el otro hacia la ruina.

¿Cómo encuentra fuerza el mal político en su irracionalidad? Es entre los amigos más sinceros de su grupo o secta, los más celosos de la libertad, entre los cuales encuentra  los modelos más completos de las opiniones más estrafalarias; son personas  que quieren clavar  una cuña ancha de incomprensión, temor al dialogo y discriminación por delante, y que son extraños en absoluto a toda moderación en materia política, desoyendo con arrogancia al soberano pueblo.

Lo que positivamente evita el caos y el desenfreno político  es el menosprecio que impulsa a la persona con poder político a nunca dejar un deber sin cumplirlo; a hacernos aceptar  por nosotros mismos y no por intereses personales; también el menosprecio a la mentira política; el menosprecio a la injusticia y el menosprecio que impulsa de plena conciencia a asumir la igualdad en todos los humanos sin excepción.

FORO

RAÚL PINO-ICHAZO T.

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política

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