Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 18 de junio de 2024
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Desterrar a la corrupción

Desterrar a la corrupción

Las sociedades tienen esencias que es necesario mantener para su vida, para su permanencia, para que siga siendo satisfactorio pertenecer a ellas. Características relacionadas con sus costumbres, con sus tradiciones y, sobre todo, con la moral. A la pérdida y a la perversión de estas conductas se llama corrupción. 

Bolivia no ha podido, merced a la famélica formación de los políticos y los gobiernos sucesivos, mantenerse indemne a esta lacra, que desestructura, sin solución de continuidad, la conciencia moral de los que tiene acceso al erario nacional, a través de los contratos, concesiones y pagos indebidos; todos estos ilícitos se complementan con el peculado, la coima, el soborno, el cohecho, la mentira como norma endémica, y las dádivas interesadas y pervertidoras. 

Una corrupción que perjudica sustancialmente al progreso de Bolivia, es el pago político por apoyo electoral, cuya consecuencia es que tengamos autoridades con poder  de decisión, sin ninguna formación para investir el cargo, con responsabilidad diligencia y éxito. 

¿Cómo se puede progresar en todos los ámbitos de la administración pública que decide, si las autoridades no comprenden la quintaesencia de la inversión, que debe repercutir directamente en el bienestar constante del ciudadano? 

Así vemos, como algunos ejemplos, a la aeronáutica nacional postergada y en último rango en relación con los países limítrofes y extra limítrofes; en la riqueza del  litio, que es determinante para el futuro económico del país, se suceden graves incongruencias en la infraestructura con concesiones de construcción por política ideológica, aun con la intervención de ingenieros titulados, pero, parece, sin conciencia moral.

 Así, esta corrupción está generalizada, pero que resalta, se hace más notable y es más dolorosa en los ámbitos de la administración pública, de los gobernantes y, peor aún, de la justicia. Se dice, por algunos ciudadanos despistados y, sobre todo por autoridades, que corrupción hubo siempre, afirmación y consenso de ignorantes, como si eso fuera suficiente justificativo y motivo convincente para que nos allanemos a tolerarlas y, tristemente robemos al Estado, para expresar el delito sin eufemismos.

Tampoco es justificación, la desaprensiva afirmación que hemos heredado la naturaleza pecadora de la corrupción; pero que seamos proclives a cometer faltas no significa que debamos ser condescendientes con quienes dan mal ejemplo; se roban los dineros que la comunidad necesita, se enriquecen administrando los favores que el Estado otorga indebidamente, niegan la justicia por favorecer a privilegiados.   

La vergüenza que, psicológicamente, es un detente para no delinquir ha desaparecido, y que por lo tanto los políticos se desvinculan de la moral, del bien, de la verdad. 

Los sinvergüenzas dicen que es una tendencia de la modernidad y, por lo tanto, aparece para los políticos como irresistible, hasta inevitable.  Se  descubren con el periodismo responsable y libre de influencias políticas, aspectos de la delincuencia que hasta hace unos años nos hubieran parecido inaccesibles, pues hubiéramos pensado que un enorme poder oculto conseguiría mantenerlos bajo su oprobio. 

Perseverar en la lucha por el bien, pues la maltrecha moral pública puede ser restaurada si las sociedades reaccionan con la energía que las circunstancias reclaman. Por eso sostengo que el político o el funcionario que nos está gobernando debe ser juzgado con muchísima mayor severidad que los que se dedican a otras actividades, que es interpretar correctamente la ley.

Los corruptos indican impávidos que no se es culpable mientras el juez no lo condene. Así debe ser, pero solo en materia criminal, cuando se acusa de delitos. Las inmoralidades, como la mentira, el engaño, el aprovechar la ignorancia, la buena fe o el descuido de los demás, no son delitos tipificados en su amplia integridad y tipicidad por el código actual.

FORO

Raúl Pino-Ichazo T.

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política

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