Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 06 de diciembre de 2021
  • Actualizado 02:30
Decir y hacer

Con estas dos palabras del epígrafe se puede afirmar cosas como: “ hablar bien es decir algo en pocas palabras o especular es simplemente decir algo”. En un principio, tal idea parecería rara o impertinente, pero puede llegar a no serlo si se toman las debidas precauciones.  En muchas circunstancias de la vida es posible realizar un acto exactamente del mismo tipo, no con palabras escritas o habladas, sino de otra forma: conviniendo internamente que expresar las palabras es, sin la oscilación de la duda, un episodio principal, sino el episodio principal en la realización del acto (de hablar bien o especular), cuya realización es también la teleología o la finalidad que busca la expresión, empero, dista de ser comúnmente, si lo es alguna vez, la única cosa necesaria para asumir que el acto se ha consumado o llevado a cabo. 

Precisamente este último punto es lo que pasa directamente a la intelección o percepción del pueblo que siempre comprobará que esas palabras se transformen en realidades; única forma fiable de controlar a los políticos.

Hasta aquí, el lector puede inferir  que la columna trata de desnudar las endémicas costumbres y actitudes erráticas de los políticos. Así, en términos generales, es necesario que las circunstancias en que el orador político utiliza las palabras, estas sean apropiadas. Además, como exigencia, es menester que el que habla deba llevar a cabo otras acciones físicas o mentales que corroboren lo que dice.

Actualmente, en nuestro país existen pseudo-políticos que se presentan impávidamente en una candidatura creyendo que el pueblo, tan inteligente como es su naturaleza, no rememora deslealtades, discriminaciones, indecisiones graves para el país, un desorden moral o escasísima ética.

Cuando el pueblo formula objeciones,  se puede estar seguro que lleva razón, pues para llegar a esa conclusión ha considerado las expresiones de realización más intimidatorias tales como el “ yo les prometo”, de lo que se concluye que las palabra deben ser dichas con excelsa seriedad, pues serán tomadas con la misma seriedad por el pueblo que es el sujeto de esa o esas promesas para obtener el voto o para mejorar su desarrollo humano.

Esta es una acción intelectiva bilateral entre el político y el pueblo y  este siempre extrae una conclusión, temprano o tarde; por ello es menester que no se tome la oratoria política como si estaríamos bromeando o escribiendo un cuento; deberá sentirse  la inclinación a pensar que la seriedad de la expresión consiste en que ella sea formulada, ya por conveniencia seria o por información  y  como un signo inconfundible y visible  de un acto espiritual interno, que exige el cumplimiento de las promesas.

FORO

RAÚL PINO-ICHAZO T.

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación

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