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  • Diario Digital | martes, 28 de mayo de 2024
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Cunden masivamente las facultades de Derecho

Cunden masivamente las facultades de Derecho

Una masificación de la enseñanza es positiva, siempre y cuando cumpla la condición superable de que sea intensa, con un programa analítico moderno transmitido por catedráticos con experiencia probada, deontológicamente asimilada por la mente y el espíritu, con plena comprensión y aplicación de los sistemas de interpretación de las leyes y la motivación en los alegatos; además del dominio de la mayéutica para no aceptar clientes con causa perdida, solo por los honorarios, que se ha transformado en un vicio.

No estudiar el Derecho con profundidad y vocación cotidiana al servicio de la población, para aplicar la actualización de las leyes con equidad y trabajo intelectivo de interpretación para cada caso, precipita al abogado en ciernes, hacia el abismo de una deficiente formación, que luego es difícil o imposible de corregir cuando no se  cimentó la base; esa realidad del profesional repercutirá en los litigantes y  personas necesitadas de consejo legal  preciso y veraz.   

Un abogado correctamente formado en los años necesarios para asimilar con intelección las numerosas materias de la ciencia social por excelencia (existe la tendencia a reducir los años de estudio para, con indisimulado afán mercantilista, obtener mayor alumnado) rechazará el conformismo y no se acoplará a la mala práctica de muchos colegas, resistiendo no caer en la pasiva resignación de tolerar la injusticia en la justicia, que significa desterrar, por dignidad e imagen profesional, los vicios ancestrales.

No obstante las voces contrarias, el abogado, por las exigencias actuales de conocimiento, debe ser un jurista y un filósofo del Derecho, pues no se concibe  que un abogado  sólidamente preparado, no conozca, mínimamente, los supuestos  científicos y filosóficos básicos de la profesión que ejerce ¿Cómo se puede representar, menos defender, los intereses  de un cliente en los estrados judiciales, cuya estructura existencial desconoce o no se la conoce  suficientemente?

El abogado se prepara y entrena para acumular la necesaria y convincente experiencia (como un eximio deportista, metafóricamente) no solo para saber hacer sino para saber pensar; de esta forma disciplinada se capacita y actualiza permanentemente.

Es una entelequia pretender tapar la luz solar con la mano, pues en la actualidad se advierte en nuestro país, que el número de abogados que egresan y se titulan de las facultades de Derecho exceden las exigencias de la sociedad (sólo en La Paz, más de 11.000 abogados, en Santa Cruz y Cochabamba también se cifran en números considerables). 

Traducido a la realidad: La oferta  de los servicios profesionales que presta un abogado supera la demanda de la comunidad; esto puede calificarse como una grave consecuencia que origina la masificación de la enseñanza del Derecho sin entenderlo en su plenitud y dificultad, la pérdida del vínculo con el respectivo Colegio de Abogados y una definida identificación.

No es difícil pronosticar los efectos de este desaguisado en un futuro no lejano, si no se adoptan, lo pronto posible, políticas  razonables dirigidas a paliar esta situación, hasta eliminarla.

FORO

RAÚL PINO-ICHAZO T.

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, 

Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política

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