Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 30 de julio de 2021
  • Actualizado 11:08

Trabajadores de la muerte

Trabajadores de la muerte

Mi hijo Ariel me contestó una duda que quisiera ilustrar con un poema de Rubem Fonseca: los cadáveres ya llevan los gusanos dentro y no es que perforan la madera (o el metal) para introducirse al ataúd. Yo tenía una duda: ¿cómo podían entrar los gusanos a un ataúd herméticamente cerrado? Él me aclaró que no necesitan entrar, sino que tu organismo ya los contiene; y si no fueran los anticuerpos…

Recuerdo que mi amigo Miguel se quejaba de los cubiertos no muy lavados. ¿Y las bacterias?, me preguntaba y yo, cosa que me arrepiento, lo miraba con desprecio.

Rubem Fonseca es un escritor brasileño famoso por la serie Mandrake, pero su fama data de muy atrás. Escribió lo que yo considero la mejor novela boliviana: El Gran Arte. Un periodista es atacado, violan a su chica y, como han atrapado a unos delincuentes, permiten que los reconozca detrás de un cristal. Uno de ellos tiene la cadenita de su chica. Pide matarlo, pero le dicen que es la cola de un cártel de la droga que comienza ¡en Bolivia! El periodista sigue al cambinga hacia Puerto Suárez y se entrena en el arte de matar con cuchillo. Sigue los pasos de grandes instructores, pero cuando trata de tomar venganza, el cambinga, barácter, lo mata con un machete.

Aún más: Fonseca logró penetrar en el mercado mexicano, solo abierto para finados y gloriosos.

Fonseca fue abogado, experto en derecho penal. Sus relatos y novelas son de lo mejor. El poema dice así: 

Los trabajadores de la muerte:

Joyce. / James se emocionaba con / la marca café / de / caca en la braguita / (ni / tan braguitas así, en aquel / tiempo) / de la / mujer amada / Ahora / la mujer ha muerto / (la de /  él, la suya y la mía) / y / aquella mancha café de bacteria / empieza / a tomar cuenta del cuerpo / entero. Atacan por turnos: muca, muscina y califora, bellos nombres, dan inicio al trabajo de la destrucción: lucilia, sarcófaga y onesia fabrican los olores de la putrefacción; dermestestes (por fin un nombre masculino) crea la acidez de la pre-fermentación; fiofila, antomia y necrobia hacen la transformación caseínica de los albuminoides; tireófiro, lonchea, ofira, necroforus y saprinus son la quinta invasión, dedicada a la fermentación;

urópode, tiroglifos, glicifagos, tracinotos y serratos se consagran a la desecación;

anglosa, tineola, tirea, atageno, antreno roen el ligamento y el tendón,

finalmente tenebrio y ptino acaban con lo que quedó del hombre, gato y perro.

No hay quien resista a este ejército contenido en una cagada.

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

[email protected]

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