Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 13 de abril de 2021
  • Actualizado 19:24

Tener un ch’api

Tener un ch’api

Tuve un amigo ex hacendado, que cierto día me abordó para decirme que los cochabambinos de paladar negro ya éramos pocos y que yo, como descendiente del primer alcalde de la Villa de Oropesa, Martín de la Rocha, debía integrarme. Lamenté desengañarlo al decirle que yo no era descendiente de don Martín sino, probablemente, de Francisco de la Rocha, el falsomonedero potosino director de la Casa de Moneda, que acabó en el cadalso, no sin antes provocar la primera crisis mundial, pues la moneda de Potosí era conocida en las principales casas de Europa, en Sumatra, Java y la India, como hoy el dólar.

No sabía qué decirme el amigo y se lanzó por la ruta de la ingratitud de los indios con los ex hacendados. No sabía qué ejemplo darme hasta que se le encendió el foquito: ¿Vos tuviste alguna vez un ch’api? Lo querías, ¿no ve? Así tratábamos a los indios.

Me vino el recuerdo al leer la columna de Fernando Molina sobre el racismo, y también recordé que en las Memorias de Gustavo Adolfo Otero hay dos pasajes ilustrativos: gobernaba Bautista Saavedra y los periodistas indignados, todos caballeros, arremetían contra él, entre ellos Otero, alias Nolo Beaz. Un día, Saavedra ordenó su detención y como Otero se resistiera a dejar el sillón Morris, donde leía, fue conducido sillón y todo a la calle Pando. Felizmente, dice Otero, un ponguito de mi hermana se echó a la espalda el sillón conmigo, que no dejé de leer en todo el camino.

En otra ocasión, el mismo Saavedra ordenó su confinamiento en Ulla Ulla, y como Otero se resistió a dejar su cama, fue llevado por todo el altiplano, acostado, y por unos cargadores pongos que se relevaban para conducirlo. Otero se sentía un inca que fuera llevado en andas por sus súbditos, y Ulla Ulla se halla a kilómetros, perdón, a leguas de La Paz.

Otro síntoma de racismo, que señala Fernando Molina, es la costumbre colonial de ver, pero no mirar a los indios. Me consta, porque nadie se detiene a preguntarle el nombre al indio que te pide una limosnita, así como la patrona no mira a la servidumbre para ordenar y, en general, nadie se preocupa por ellos o los mozos en un cóctel. No los miran, apenas lo ven o adivinan su presencia.

Suele decirse que hoy ya no hay racismo, que es cosa del pasado, pero nunca como hoy el racismo ha estado presente en el planeta, y su presencia se ha agravado con el caronavairus, perdón, con el coronavirus. Eso y las políticas de salud, que solo son de acumulación de capital para el complejo médico y para la industria farmacéutica.

RAMÓN ROCHA MONROY

Escritor, abogado y  "Cronista de la Ciudad"

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