Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de mayo de 2021
  • Actualizado 08:29
A menos de una semana de las elecciones de octubre, exhortamos a los defensores del proceso de cambio a tener mucha serenidad, magnanimidad de vencedores, primera vuelta, dos tercios en la Asamblea Legislativa. Todo eso lo vamos a conseguir sin dar respuesta a las provocaciones. Al contrario, mano franca y abierta al rival político es lo que desean la Iglesia, la asamblea de derechos humanos, las instituciones de la sociedad boliviana. No nos extrañe que hoy menudeen en las provocaciones. No las vamos a contestar. Lo único que pedimos son palabras del Presidente Evo en una entrevista: "Es importante tener mayoría absoluta. Y el pueblo lo sabe bien. En mi primera gestión no tenía mayoría en el Senado, tenía simple mayoría en Diputados. Y seguí marchando, de Caracollo a La Paz, hice una huelga de hambre en el Palacio Quemado. En mi segunda gestión nos dieron los dos tercios y me sorprendí, igual en la tercera. Pido al pueblo que no me abandone para la tercera reelección, siento que no lo va a hacer". Debo confesar que mi intervención más exitosa en el Facebook fue copia de lo que me dijo mi nieto Emilio. ¿Voy a votar por Carlos Ortiz? ¿Por Oscar Mesa? Quizá quiso decir que no cambiaría lo cierto por lo dudoso, una estabilidad económica sostenida por las amenazas de gente imprecisa que nos quiere pintar un futuro desolador, cuando no hay cifra ni estadística alguna que los autorice. Es cuestión de sentido común: hemos gobernado para todas y todos los bolivianos y no solo para los militantes del MAS o los defensores del proceso de cambio. Las carreteras, los puentes, los aeropuertos, las industrias, el nuevo transporte metropolitano son condiciones de producción para generar riqueza. Nada más. Nada menos. ¿Vamos a cambiar esas certezas por un futuro negro, pero conjetural? Esta es la última oportunidad de dirigirme a mis escasos lectores antes de las elecciones de octubre, y por eso sugiero la serenidad de los vencedores, la magnanimidad de los ganadores, no hacer caso a las provocaciones. Nada más. Pero, por sobre todas las cosas, hagan lo que aconseja el papa Francisco: no pierdan el humor. No confundan la posición política que todas y todos los ciudadanos tenemos con la amistad. Yo he nacido y voy a morir en la clase media, y en ella tengo muchas y muchos amigos a cuya amistad jamás voy a renunciar. Tengo una posición política y una militancia muy claras, pero eso no me impedirá seguir tratando a amigas y amigos con la vieja amistad de siempre.

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