Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 24 de octubre de 2021
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Un reguero de pólvora

Un reguero de pólvora

La noticia se difundió como un reguero de pólvora. ¿Dónde leí eso por última vez? O mejor, ¿cuándo?  Porque es un lugar común presente en muchas columnas e inclusive obras literarias. Para desvirtuarlo, decidí proveerme de un barril de pólvora y no fue nada fácil. Tuve que ir a la fábrica nacional de explosivos y justificar por qué quería un barril. Me dijeron, en principio, que eso de los barriles era una cosa anticuada, que ya no los hacían pues vaciaban la pólvora en bidones de plástico. Fue solo la primera dificultad, pues tenía que justificar para qué quería yo un bidón de pólvora. Me esmeré en la justificación (que solo quería desvirtuar un lugar común). Creo que no lo entendieron, pero al final gané por cansancio. (Qué tipo más insistente). Tuve que cargar con él hasta el automóvil y juro que el bidón pesaba, pero al menos me consolé imaginando un barril, de esos tan lindos que ya no se usan, como las antiguas cargas de papa salidas de telar y sustituidas por costales chinos. Como los sombreros de las cholitas cochabambinas, hoy una reliquia que fue sustituida también por sombreros chinos, más baratos.

Volcar el bidón fue una proeza, pero al fin conseguí una hilera larga de pólvora, que mucho antes se llamaba un reguero. Necesitaba una tea encendida y me di a encender una fogata, forrar entretanto un mango de madera con tela empapada en brea, no toda, sino solo la punta. Y encendí mi tea. Debo confesar que no había perdido la maña de fabricar algo tan añejo.

No voy a decir qué pasó luego, porque es obvio: la pólvora encendida corrió como un reguero de pólvora. Claro que menos hubiera tardado una señal eléctrica entre dos pilas enormes, una de ellas para disparar; y mucho menos un cohete o misil o esas bombas itinerantes que se orientan por el calor del avión a chorro y lo derriban. Pero ya conseguí mi reguero de pólvora, aunque la noticia hubiera corrido mejor, de extremo a extremo del planeta  por las redes sociales.

De veras, no entiendo el uso de un lugar común tan antiguo y anacrónico, pero se usa, vaya que se usa.

Los mexicanos le dicen troca a la camioneta (de truck); clutch al embrague y deliverar por pedir a domicilio; modismos que ya son lugares comunes.

Lugares comunes hay muchos: alas y buen viento, rayos y centellas, cáspita, demonios, las de Villadiego…y todas provienen de la literatura del siglo de oro español. Pero nunca como esta que hoy nos ocupa, y que debería espantarnos. Es que no lo puedo creer: me lo encuentro en la obra narrativa de gente por otros motivos muy valiosa.

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

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