Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 12 de agosto de 2020
  • Actualizado 19:40

Reconocer una deuda

Reconocer una deuda

Un buen amigo me preguntó sobre los libros de paisanos que leía en este encierro. Hice mi lista de diez: Edmundo Paz Soldán, Norte;  Rafael Puente, Recuperando la memoria; Antonio Terán Cabero, Obra Poética; Lourdes Saavedra Berbetty. Alicia en el País de la Anarquía; Augusto Céspedes: El Presidente Colgado; Gonzalo Lema Vargas: Los días vacíos del Raspa Ríos; Alejandra Carranza: Cien de Cien; Gustavo Rodríguez Ostria: Teoponte; y Humberto Solares, La larga marcha de los cochabambinos.

Como una columna es corta, quiero referirme a la deuda que tengo con la obra de Rafael Puente, pues al hablar de La otra historia de Bolivia me aclaró que lo que yo busco es La historia de los otros, que se volvieron visibles gracias a las mujeres. Me explico. Fue Renée Descartes, en latín Cartesius, de donde viene el adjetivo “cartesiano”, quien sistematizó el pensamiento de Occidente porque privilegió a la razón como puerta de la percepción al decir su famosa máxima Pienso, luego existo.

Hoy no nos limitaríamos a decir pienso: diríamos Siento, luego existo; Intuyo, luego existo; sueño, luego existo; me t’inka, luego existo; obro con mis cinco sentidos, luego existo, hago lo que me dice mi voluntad, luego… No nos definimos como intelectuales, sino como sentipensantes; eso nos diferencia del pensamiento de Occidente y de algunos originarios eurocéntricos. Que no faltan.

Descartes dijo también que la investigación científica y tecnológica debería ser neutra. Entonces saltaron las mujeres para decir que el Sujeto del conocimiento era varón, blanco, europeo, propietario, letrado, heterosexual y decidido exportador de la civilización a los pueblos coloniales. En cambio había una larga lista de meros Objetos del conocimiento: las mujeres, los no blancos, los no europeos, los desposeídos, los analfabetos, los homosexuales, las lesbianas, en general la comunidad LGTBI y los ambientalistas, que ansiaban conservar el Planeta y no destruirlo con una civilización. De aquí salieron todas las demandas electorales y democráticas actuales, pues si uno es candidato deberá contestar qué va a hacer con las mujeres, los no blancos, los no europeos…

Cada vez me convenzo más de que la sociedad boliviana y quizá la planetaria ha construido árboles muy sólidos, pese a las políticas económicas oficiales precoloniales, coloniales y republicanas, que casi siempre se han equivocado.

Eso leo y escribo, en especial la obra de Rafael Puente.