Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de agosto de 2020
  • Actualizado 21:06

¿Qué nos pasa?

¿Qué nos pasa?

El conserje de mi edificio era cojito. En lo más duro de los bloqueos, ausentes de ciudadanos pero con las infaltables cintas amarillas en las esquinas, se quejaba de que debía caminar dos horas e irse dos horas; que no había pensiones baratas y casi todas estaban cerradas, y que se moría de hambre. Pero concluía: Todo sea para que caiga el tirano.

Un amigo distribuidor me decía: Seguro que vamos a estar mal. Tanta plata se había llevado el que sabemos.

Un buen amigo, más bien afín al MAS, comentaba: Pero si el Evo ha depositado miles de millones de dólares en el Vaticano. Le pregunté quién había dicho eso y me dio un nombre. ¿Y le crees eso?, pregunté. No le creo nada, contestó. ¿Y por qué repites como si fuera cierto?, repliqué. 

Esa es la psicología del rumor.

Al parecer, la economía boliviana había sido nomás sólida, pero parece que nos vamos a pique. Y entonces le echamos la culpa al tirano. En ENTEL se habla de extraditar a un recomendado de Camacho, que fue sorprendido por la Migra ingresando a EEUU una cifra inusual de dólares. Se comenta que le entregó a Camacho para su campaña, pero nadie opina nada. Lo mismo pasó con el retiro de cientos de millones del Banco Central y el transporte a un avión, al parecer para compra de armamento para el Ejército, pero nadie opina nada.

Se hace una denuncia de malversación de fondos por 47.000 millones de dólares a Arce Catacora, el hombre que subió el PIB anual de 600 a 41.000 millones de dólares, y nadie opina nada.

Investigadores del Tecnológico más importante del mundo capitalista (el MIT) concluyen con una noticia publicada por el Washington Post: que en las elecciones de octubre del año pasado no hubo fraude; que Evo ganó con más del 40% y a 10 puntos del segundo, y por tanto en primera vuelta, pero hubo golpe de Estado, y algunos espontáneos dicen que el MIT no hace esas investigaciones (¿Cachai?). Y no se trata de un neófito sino de un intelectual a quien los giles del MIT debían consultar estupideces reflejadas en un prestigioso medio de EEUU.

Por fin, Juan Ramón Quintana denuncia que quisieron matar a Andrónico Rodríguez y le cae una lluvia de improperios: que cómo van a fallar, que la próxima serán letales, que debió ser un autoatentado, que sobre Evo y él pesan 36 muertos en Senkata y Sacaba, pero nadie pide una investigación seria. No se crea que los comentaristas son giles o minusválidos. Algunos de ellos, sobre todo los que callan, son muy inteligentes (...).