Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 12 de agosto de 2020
  • Actualizado 19:20

¡Qué bonito era el mundo!

¡Qué bonito era el mundo!

Gracias a un buen amigo conseguí una lista de films de grandes directores, y entre ellos, Hiroshima mon amour, de Alan Resnais, en el que la protagonista dice algo inolvidable, al menos para mí que vivo este encierro: Me encantan las ciudades donde hay gente despierta de día y de noche.

Miro la desolación de estos días y me pregunto qué pecado hemos cometido para vivir esto: el enclaustramiento, los ahorros que se van, cuando hay ahorros; la resignación de ciudadanas y ciudadanos que permanecen en su encierro para complacencia de los gobiernos, que juzgarían más fácil gobernar una sociedad aislada en sus casas, sin roce social, sin asistencia a fiestas, compromisos, mucho menos a manifestaciones, mitines o reuniones políticas. 

Eso tiene un sospechoso olor a democracia, que debe obligar a los gobernantes a fruncir sus narices, porque ellos prefieren una sociedad aislada, atomizada, prohibida de asistir a cualquier evento social, y todo en nombre de una cuarentena que ya se pone pesada, porque la sociedad no tiene información del Estado, y sospecha que el Estado está ocultando las cifras reales de la pandemia, o que quiere eternizarse en el poder aprovechando políticamente esa pandemia.

No sé qué nos ha podido pasar para vivir así desarticulados, con la espada de Damocles de los alquileres, de los ahorros que se van, de los préstamos bancarios que uno deberá honrar tarde o temprano.