Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 07 de julio de 2022
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El pensamiento colonialista

El pensamiento colonialista

Cuando Colón se encontró con un Nuevo Mundo, que conquistó para el reino de Castilla, Europa, en especial Italia, vivía el primer siglo del Renacimiento (siglo 15), renacimiento de las culturas griega y romana, y en ese siglo ocurrió la Reforma, que supone la rebelión de Martín Lutero contra la Iglesia por la venta de indulgencias en los atrios de los templos, que fue fijada en las puertas del castillo de Wurtemberg. Luego vino la Ilustración (siglo 18), donde surgieron los grandes intelectuales de Occidente, como Kant, Hegel y otros, y se produjo la Revolución Norteamericana en 1776 y la Revolución Francesa en 1789. Los intelectuales de Occidente tenían todas las respuestas, pero como dice alguien, ¡les cambiaron las preguntas! ¿Quién? Pues Colón, porque en el Nuevo Mundo había gente morena que había construido al menos cuatro grandes civilizaciones: la azteca, la maya, la tiwanakota y la incaica, esto sin contar a los pueblos de Norteamérica, llamados “pieles rojas”, quienes, según un antropólogo norteamericano, (Jack Weatherford: El legado indígena) inventaron la verdadera democracia y sus instituciones fueron copiadas por la Constitución de Estados Unidos. Esta gente morena ¿tenía alma? ¿Eran seres humanos? Fue la primera polémica europea, en realidad la primera discusión de la ciencia política  y se resolvió diciendo que sí tenían alma, pero en todo caso eran inferiores a la raza blanca, a los blancos. Allí los intelectuales europeos comenzaron a decir estupideces, como esa de Voltaire que dice: Para mí que los negros son el producto de la violación de las muchachas por los gorilas. No solo él, sino también Kant y Hegel, entre muchos otros, se caracterizaron por su racismo blanco y su justificación del colonialismo.

Claro, Castilla encontró un continente nuevo, América, y de  inmediato desató el hambre de tener colonias en toda Europa. Inglaterra, que tenía poco más de 100 mil km2 de extensión, pasó a tener 32 millones de km2, entre ellos el nuevo continente, Oceanía, conformado por dos grandes islas: Australia y Nueva Zelandia, pero también la India, China y varios países asiáticos. El escándalo surgió cuando, a fines del siglo 19, los países europeos se repartieron África ¡sin ningún delegado africano! Y todo bajo la presidencia del Kaiser. Al final, decidieron otorgar al rey Leopoldo, de Bélgica, la desembocadura del río Congo (Leopoldville se llamaba la capital del Congo belga). Pero el rey belga cometió tales atrocidades que fue depuesto como titular de esa concesión. Al inicio, Leopoldo se preguntaba qué podía hacer con un territorio tan lejano y le dijeron que estaba lleno de elefantes, que pesaban 8 o 9 toneladas y solo 40 kilos de marfil, que sirve para fabricar teclas de piano y pequeñas decoraciones.

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

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