Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 04 de julio de 2022
  • Actualizado 20:32

Nuestras vidas

Nuestras vidas

Nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar, que es el morir; allá van los señoríos, derechos a se acabar y consumir…Es un verso de las “Coplas a la muerte de mi padre, de Jorge Manrique.

Allá van los señoríos… ¡Cómo luchamos en esta vida por ser señores, distinguidos!

Uno no nace distinguido; la distinción se la hace en la vida, y no hay mejor inicio de correspondencia que poner “distinguido señor”. Cuando murió mi padre, una vecina me dijo: Yo lo quería mucho porque no se distinguía.

Eso pensé este domingo, en mi cumpleaños, una fiesta con mariachi en la cual gocé del cariño de mis hijas e hijos, que organizaron la fiesta. Mil gracias a ellos: me sentí “distinguido” por esa juventud recia que conformaron los invitados. Pero pensé en las palabras de mi vecina a mi padre, y en la muerte.

Quizás este sea el último año que duro, y por eso me encanta dar instrucciones a mis hijas e hijos, para que las cumplan. Si no lo hacen, les haré cosquillas en la planta de los pies para que pierdan el sueño.

Para empezar, no quiero ceremonias religiosas, ni capillas contratadas ni catafalcos ni avisos necrológicos ni carros fúnebres ni taxis contratados para que los presentes me acompañen a “mi última morada”. Mi voluntad es que me cremen de inmediato y guarden mis cenizas hasta la siguiente venida el río Rocha, mi pariente lejano, y entonces se haga una fiesta al pie del Puente Antezana.

Tengo cuota mortuoria: quiero que la cobren mis hijas e hijos para costear los gastos de la farra en el lecho del río Rocha. Y para mi cremación, aunque dejaré dinero por si. Me encantaría que haya suficiente chichita, y a cierta hora, que mis hijas vacíen mis cenizas en las aguas, con la esperanza de que algunas lleguen a la mar, que es el morir. Y luego, que haya una fiesta de alegría y cánticos y música y guitarras y baile. Alegría y quienes quieran, que hagan el amor en honor mío. Todo sin lágrimas, para no ser distinguido.

Una sola duda: preservar una porción de mis cenizas para mezclarla con tierra abonada y plantar un molle o una araucaria. Eso lo dejo a criterio de mis hijos.

Solo pido respeto a mis creencias religiosas anticolonialistas.

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

[email protected]

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