Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de agosto de 2020
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Nostalgia de la chicha

Nostalgia de la chicha

Un jesuita publicó un libro en el Perú, para ilustrar cómo se originó el muco de chicha: beber agua producía desarreglos estomacales, por eso se prefería beber chicha. Esa bebida de maíz era hecha con muco, que masticaban niños y doncellas, para aprovechar las virtudes de la saliva. Así la chicha de muco tenía saliva y era usada como medicina; luego, para embriagarse pero también para alimentarse. Las fiestas en Tiwanaku y el incario eran sonadas y algunos incas tenían fama de fiesteros. Como no había jornada de trabajo ni acumulación capitalista, las fiestas eran largas y en ellas se repartía chicha y coca. 

¿Qué comían? Difícil decirlo: tal vez laguas de grano molido y carne de ulinchos y otras aves pequeñas. Luego se preparaba humintas o choclo fresco y hervido o bien el aptapi altiplánico. Quizás carne de llama; pero la chicha como alimento y la hoja de coca para resistir.

La chicha era sagrada en el mundo precolonial y colonial: también en la república. Pero una vez que se asentaron aquí las cervecerías y se importó alcoholes, pronto las chicherías fueron proscritas a los suburbios. Nos portamos muy mal con esa bebida deliciosa. A principios del siglo 20, habían chicherías incluso en la Plaza Principal, frente al Teatro Achá y en la actual Casa de la Cultura; pero hoy han sido echadas a las afueras, y cuando la Intendencia municipal pilla un expendio sin autorización, vierte el contenido de los barriles al piso, cosa que no hacen con la cerveza o la bebida embotellada. La chicha generó una economía con el impuesto. En ausencia de inversión estatal se hizo la Blanco Galindo, el Estadio, el Colegio La Salle, la Casa de la Cultura y otras obras públicas. El estadio se llama Félix Capriles porque este señor fue cobrador del impuesto a la chicha.

En lugar de conseguirle una denominación de origen como fruto genuino de los valles, la hemos proscrito y hoy ni siquiera hay chicherías tradicionales en la ciudad. La chicha era parte importante del consumo alimenticio y no solo como bebida espirituosa. Consumía chicha, por ejemplo, el presidente Hernando Siles, que iba a una chichería con sus amigos, ubicada a un costado del edificio de la Contraloría.

Quizás le pasó lo que en México al pulque, muy apreciado por los aztecas por su valor nutritivo, y más tarde por la aristocracia pulquera, como se la conocía. Hoy sería muy difícil hallar otra cosa que cerveza en la actual Ciudad de México.