Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 01 de marzo de 2021
  • Actualizado 19:15

En memoria del Mallku

En memoria del Mallku

Ha muerto un originario, pero, además, un gran dirigente, sin pelos en la lengua, como debe ser todo miembro de ese pueblo que ha sido sometido a tantas humillaciones, en la precolonia, en la colonia y en la república. El joven oficial José Manuel Pando, explorador de los ríos del Beni, dejó unas Memorias en las cuales decía que a esos salvajes (se refería a los pueblos nómadas de tierras bajas) había que exterminarlos no solo con rifles sino con perros de caza. Un siglo después, Amalia Pando lo interpeló al Mallku: ¿Por qué ocasiona usted tantas muertes? El Mallku la miró y replicó: Para que mi hija no sea tu sirvienta. Así era Felipe Quispe, indígena de Omasuyos.

Mao fue también un filósofo de las contradicciones, y dividió a estas en fundamentales y secundarias. Contradicción fundamental es la que nos separa del neoliberalismo y, en general, del capitalismo. Con ellos no se puede transar. En cambio, contradicciones secundarias son las que se producen en el seno del movimiento popular. El Mallku no se ahorró críticas contra el presidente Evo, porque, como buen aymara, era terco en sus apreciaciones. Sin embargo, antes de la última elección, su palabra valió más que mil encuestas amañadas. Dijo que el MAS arrasaría con las elecciones y los analistas creyeron ver en sus palabras la habilidad conciliadora de David Choquehuanca, quien supo reconquistar la opinión del Mallku y así ganó las elecciones junto al actual presidente Luis Arce. Eso se llama contradicción secundaria y se puede conciliar dialogando.

El Mallku ha sido un gran dirigente aymara, una persona intransigente y dura, jamás conciliadora. Causó perplejidad cuando dijo que el MAS ganaría porque todas y todos votarían por su binomio, y así lo hicieron.

Debemos honrar su memoria. Quizás así fue Tupac Katari, el Zárate Willka, todos los dirigentes aymaras que jamás conciliaron y no tuvieron pelos en la lengua para decir su verdad. Ojalá hubiera uno y muchos Mallkus, que repitan su intransigencia, porque alguien tiene que criticar el poder sin concesiones, pero desde dentro del movimiento popular. 

Hoy es común que los dignatarios del interinato se atrevan a criticar al nuevo gobierno: ven la paja en el ojo ajeno y no la tremenda viga que se les incrustó allí. Pero es necesario criticar desde adentro, lavar los trapitos entre nosotros y no sacarlos a relucir por motivos políticos. A esos dignatarios del interinato ya les llegará la ley; en cambio, ¿qué ley pudo hacer callar al Mallku?

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

[email protected]