Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 09 de mayo de 2021
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En memoria de Chechi Nogales

En memoria de Chechi Nogales

En octubre de 1984 me estrené como columnista de un matutino local, junto a mi carnal Alfredo Medrano, gracias al diseño del matutino, que hizo Chechi Nogales. En efecto, era director del periódico el inolvidable Feny Canelas cuando Chechi propuso que contrataran a dos escritores, con la obligación de hacer dos columnas diarias, pero no en la página editorial sino en las centrales. De este modo, Alfredo, Urbano Campos, era mi vecino de página, y me quedé con la chapa de Ojo de Vidrio. No solo eso, sino que la página editorial, lo último que se lee en un periódico por su talante usualmente aburrido, quedaba relegada a la última página.

El primer mes, Feny nos autorizó a Alfredo y a mí que pidiéramos nomás dinero a otro inolvidable, Demetrio Villegas, sobrino de La Chaskañawi. Para qué lo haría, porque nos extralimitamos enseguida y al mes nos integraron a la planilla. Todo eso se lo debíamos al Chechi y a Feny Canelas, naturalmente, sobre todo el inicio de un idilio entre los dos y el público lector, que revolucionó la prensa local. Casi un año después, yo acostumbraba resolver crucigramas, pero resulta que todos estaban resueltos. Puse una hoja de copia sobre un crucigrama resuelto y me di a escribir picardías. ¡Y salían! Así resolví cuatro y salí ronceando a la Taquiña, donde era gerente Fito González, según mi mami y Arturo, su papá, pariente mío. Fito no sabía qué quería yo: le dije que publicidad, y luego corrí a visitar a Feny Canelas, y ese viernes salió mi primer Crucigrama del Viernes de Soltero. Una semana después, el crucigrama había sido bautizado por el público lector como Chakigrama y salía un suplemento con el nombre de Viernes de Soltero. Un éxito que todavía los viejitos reclaman, aunque ya son otros tiempos. Aquella vez, los anunciadores me dijeron que yo y mi familia éramos invitados permanentes, pero que no los mencionáramos siquiera, porque a los mejores boliches iba gente a pedir cacho y a comprar cerveza por cajones, cosa que hacía escapar a la vieja clientela. En 1986, junto a Alfredo, hicimos la Primera Feria de la Cocina Regional en el campo ferial de la laguna Alalay. Y la Feria tenía su órgano oficial en el suplemento Viernes de Soltero.

Todo esto ocurrió hará pronto 40 años, gracias al olfato periodístico y la benevolencia de Chechi Nogales, mi condiscípulo en la Facultad de Derecho cuando gozaba de gran prestigio como periodista y fue, recuerdo, al juicio de Regis Debray en Camiri y de allí a cubrir la muerte del Che.

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

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