Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de agosto de 2020
  • Actualizado 21:36

Los pititas, ¿por qué tan callados?

Los pititas, ¿por qué tan callados?

Los pititas, ¿por qué tan callados? Un conspicuo pitita, de esos que nos llenan de orgullo, dice que su revolución se encontró con la revuelta de la Policía y el Ejército “porque Dios, en su infinita bondad…”. Qué tierno, ¿no ve? Inocente y hermoso. A Pinochet seguramente le inspiró Dios con su infinita bondad. Pero esta explicación sobrenatural no nos inquieta más que el silencio inesperado de esos líderes que nos azuzaron a los pititas para que saliéramos a las ciudades a bloquear y mantuvimos “la revolución” quizás hasta hoy si no había una solución de fuerza. ¿Por qué se callan estos líderes de opinión pitita? ¿No tenemos algo que decir?

La coyuntura política es muy ágil para cambiar. Luego de la concentración de las “hordas de la zona sur” en La Cancha, repetida en otras ciudades del exterior, el MAS guarda silencio. Cuando más, habló Adriana Salvatierra, para ratificar su lealtad masista. O sea que la iniciativa está de nuestro lado. Pero, frente a un panorama que cada día cambia y se fragmenta más en el interinato, frente a la renuncia de todo el gabinete por la candidatura de la Presidenta, ¿qué tenemos que decir nosotros, los pititas? ¿Acaso no teníamos líderes? ¿Líderes que vociferaban en las redes sociales y hoy guardan minucioso silencio? Incluso se editó un libro, La revolución de las pititas, con unos testimonios de gente que bloqueó las ciudades. ¿Dónde están ellos? ¿Buscan pega, embajada? ¿Calculan ser candidatos? ¿Miden cuánto durará este interinato para no meter la pata? No lo sabemos, porque guardan inexplicable silencio.

Las “hordas de la zona sur” nos sirvieron para “defendernos” con bates de béisbol, pero nunca llegaron: ni siquiera sabemos si existieron. Eso sí, cómo nos sirvieron para cohesionar la defensa de los barrios residenciales. Las reuniones de vecinos sirvieron para eso, para repartir unos bates ante la “amenaza” de las hordas de la zona sur que pronto llegarían y nunca llegaron. O no existían, pero cómo nos sirvieron.

El 4 de febrero, cuando salgan las listas de candidatos, sabremos qué senadores y diputados ya reelectos serán reinscritos y qué nuevas figuras habrán. ¡Algunos de ellos serán pititas?¿Por lo menos hablarán? ¿Romperán el silencio cuando se veían tan activos en medios y redes hasta hace poco?

Quizás estén avergonzados del rumbo imprevisto de nuestra política, con los muertos de Senkata y de Sacaba, con las gasificaciones y la modificación de la estructura económica del país; pero si ellas y ellos no hablan, ¿quién podrá defendernos?