Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 07 de diciembre de 2022
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Los contundentes

Los contundentes

Para el oficialismo es cuestión de Estado cuidar a Luis Fernando: dejar que reciba los huesos que le echan para contentarlos.

Mientras el mundo se hunde, en Bolivia se discutirá este viernes si el censo será el 23 o el 24 y al término se dirá que “fue contundente”. Sin embargo, hay que respetar a Luis Fernando, que ha sido incluso sindicado como “caballo de Troya” del oficialismo, quizá por el silencio extraño que guardan Mesa, Tuto y Samuel, como si quisieran que Luis Fernando “se queme solo”.

En la historia del Estado moderno ha sido práctica rutinaria enviar como embajadores a los opositores más recalcitrantes. Tal cosa ocurrió cuando Banzer nombró al general Zenteno Anaya embajador en Francia: un exilio dorado porque pronto, se sospecha, lo hizo matar. Hoy el Presidente debería llamar a Mesa, a Tuto, a Samuel, incluso a Jaime y proponerles que Mesa vaya de embajador ante las Naciones Unidas; que Samuel sea embajador en Estados Unidos, que Jaime lo sea de la Unión Europea, que Tuto, donde sea. Incluso debería llamarse a Xavier Jordán para designarlo embajador en Reino Unido, el más parecido a Cabrera Infante por su humor que el inglés corregiría con acento británico, para no hablar de Lino Novás Calvo o de Reinaldo Arenas, borrados de la historia de la novela cubana pese a sus condiciones, aunque Novás es gallego, cosa frecuente en La Habana, pero escribió una novela inolvidable, Los Negreros, que algunos cubanos leen fuera del cánon.

Exilios dorados pero apetecibles, y que los nombrados cumplirían a conciencia allá donde el oficialismo disponga.

Gobernar en democracia es el arte de equilibrar, y en toda democracia hay creyentes y disidentes. De Gaulle mismo fue un gran equilibrista tras la liberación de París del dominio nazi y estuvo más de 30 años en el poder, porque todavía le esperaba mayo del 68.

Me lo dijo un buen amigo, a quien escucho con gran interés. Comenzó por preguntarme sobre la situación nacional: le iba a decir mi teoría consabida de que mientras el mundo se derrumba, en Bolivia se discute si el censo será el 23 o el 24; y de pronto saltó con que era una cuestión de Estado proteger a Luis Fernando, y antes que yo me sobrepusiera a reacción tan imprevista de mi amigo, saltó con lo que sigue. Debo reconocer que hago mías estas verdades y que aconsejo al Presidente como uno más de sus leales. No lo voy a negar: sea o no sea un caballo de Troya, Luis Fernando se esmera por acabar con la oposición, ante el silencio de sus principales líderes.

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA MONROY

Escritor, abogado y  "Cronista de la Ciudad"

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