Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de agosto de 2020
  • Actualizado 21:48

La normalidad

La normalidad

Toy feliz porque pronto volveremos a la normalidad. Hablo de los miles de automotores que atronarán la ciudad y congestionarán el tráfico en cada puente; y la desesperación de los motoristas, que buscan un parqueo y dan vueltas una y otra vez. Hablo de las deudas que acumulé en los bancos, en Impuestos, en alquileres, y de los negocios que tendrán que cerrarse porque los propietarios gastaron sus últimos recursos y acumularon sueldos.

Me encanta que todo vuelva a la normalidad, a un régimen sostenido por pititas, con lo frágiles que son, pero detrás por las armas, que son temibles. Hablo de las Intervenciones Urbanas, del dinero que el interinato no pagó. Y que haya voces que quieren suspender las elecciones  porque le temen al triunfo de un partido y la derrota de al menos siete de los otros partidos. Quiera Diosito, el mismo que nos bendice desde un helicóptero, a semejanza de películas como La Dolce Vita, Y también la lluvia, la segunda filmada en Bolivia.

Quiera Diosito que todo vuelva a la depredación del planeta, al consumismo, al agotamiento de los recursos naturales, y no al voto democrático de la sociedad, a ver qué dice de este encierro.

Me encanta la normalidad, el incendio en los bosques del Parque Tunari, la polución del ambiente de las ciudades, las aguas hediondas del Rocha y la laguna Alalay. Me retila la murta de saber que otra vez nos interesará un corno la suerte de nuestros seres queridos, que otra vez subiremos ascensores sin un buenos días y que jamás llamaremos por teléfono para preguntar por esa tía o ese tío y saber cómo les va en la vida.

Me retambufa que volvamos a pensar qué peligroso es manejar bici y prefiramos ir a pie porque de todos modos la calzada está llena de coches y de motos que truenan con el escape libre porque no hay autoridad que les diga nada.

Me chifla saber que somos un pueblo pecador, un pueblo malo, pero a Dios gracias superamos la cuarentena por la penitencia que cada uno de nosotros ejecutó en la soledad de su domicilio, completamente aislado. Con ese esfuerzo, la cuarentena se fue y hoy volvemos a la normalidad, y si sobrevienen otras pandemias tanto o más letales, será porque seguimos siendo un pueblo pecador, pero felizmente nos gobierna un alcalde correcto y educado, un alcalde penitente, un alcalde honrado que volverá a decir, en el momento justo, perdona a tu pueblo, Señor, para que volvamos a la cuarentena porque somos un pueblo malo pero sí un pueblo penitente. Amén.