Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 24 de enero de 2022
  • Actualizado 19:48

No es lo mismo una marcha multitudinaria que bloquear con cintas. Es posible que cueste menos alimentar a unos cuantos que alimentar, dar alojamiento y servicios médicos a una marcha multitudinaria. Ahí radica la diferencia.

El Comité Cívico cruceño secundó una protesta de nueve días que acabó con la derogatoria de una ley; pero de inmediato se vio que no bastaba con la derogatoria de esa ley, sino que pronto las exigencias al Ejecutivo acabarían con él. Esa es la motivación de la llamada Marcha por la Patria y en apoyo al voto popular, que eligió al gobierno de Luis Arce y David Choquehuanca con más del 51%. Negar este hecho es como querer ganar el partido en mesa y no en cancha.

Trabajadoras y trabajadores de los nueve departamentos participaron en la marcha. Digo trabajadoras y trabajadores porque no es lo mismo movilizar una marcha multitudinaria de nueve días de paro cívico con bloqueos sin gente. Sí había gente, pero era más factible distribuir refrigerios entre unos cuantos que a una marcha.

Al año de gestión del presidente Arce hubo una oleada de manifestaciones en contra. Esta es la motivación principal de la marcha por la patria: ratificar el voto popular del 18 de octubre de 2020 con un sentido de unidad nacional por encima de todo. El Presidente gobierna para todas y todos los bolivianos; habría que preguntarles a los comiteístas cruceños si quieren o no quieren “tumbar” al gobierno.

Los comiteístas se sumaron al sector gremial, contra el cual despotricaban en el pasado. Se derogó la ley y todo volvió a la normalidad, pero no para los comiteístas, que de inmediato plantearon nuevas exigencias al Ejecutivo.

Con esa masa, con esos movimientos sociales ganaremos cualquier elección, porque no desconfiamos del voto popular. Habría que preguntarles a los comiteístas si creen en el voto popular o su idea de democracia es distinta, porque en el fondo sueñan con el “gobierno de los mejores”, que pronto se convierte en oligarquía: que el ciudadano vote y vuelva a su casa hasta una nueva convocatoria. Entretanto, que las elites gobiernen con tranquilidad y velen por sus intereses.

El futuro de Cochabamba es el desarrollo del mercado interno. Cualquier movimiento que propicie la unidad nacional tendrá su respuesta en Cochabamba, cuyo territorio departamental en su mayoría es de tierras calientes y tropicales; sin embargo, los qhochalas capitalinos somos vallunos: no reconocemos esta parte baja y tropical de nuestro propio territorio. ¿Así queremos enfrentar el desarrollo del mercado interno? 

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

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