Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 03 de diciembre de 2020
  • Actualizado 19:34

Eurocentrismo

Eurocentrismo

Hegel y los románticos alemanes dijeron en el siglo 18 que el mar Mediterráneo era el centro de la historia universal. Pero el Mediterráneo, pese a su importancia en el espacio y en el tiempo, era una porción muy pequeña del globo terráqueo, con una Europa que hasta 1500 era periférica y un comercio mundial dominado por China, India, los árabes y otros pueblos que habían establecido ya mucho antes de Marco Polo la Ruta de la Seda.

Pero en el siglo 18, el siglo de las luces, los románticos alemanes estaban tan ufanos de esa parte del continente, que atribuyeron los adelantos del occidente de Europa a hechos superestructurales como el Renacimiento, la Reforma, el Siglo de las Luces, la Revolución Francesa y el Parlamentarismo inglés y no a hechos estructurales como el encuentro de Colón con el Nuevo Mundo y la civilización de la papa, que desplazó a la civilización del trigo (cuyo centro era el Mediterráneo) y, una vez desarrollado su cultivo en los países del Norte frío, provocó un desplazamiento del poder hacia ellos y hasta hoy. Hegel decía que Europa eran 4 países fríos: Inglaterra, Alemania, Francia y Escandinavia. Para Hegel, España era parte del África y hoy los banqueros ingleses consideran a los países del Mediterráneo como pigs, cerdos, y entre ellos están grandes potencias de antes del siglo 18 como España, Italia, los Balcanes y Grecia. Ni qué decir el norte de África, donde se encuentra el origen del homo sapiens y la cultura de Egipto, madre de la cultura de Sumeria, Asiria y Babilonia y de la cultura griega.

Hegel se equivocó al decir que la historia marchaba de oriente a occidente: China era la infancia de la humanidad y Europa su madurez. En realidad, la historia marchó de occidente a oriente. El homo sapiens africano se desplazó por Europa y más tarde, en el Neolítico, cruzó el estrecho de Behring y se vació hasta el sur del continente. Por eso los originarios americanos tienen el genoma asiático, tanto en tierras altas como en tierras bajas.

La primera revolución industrial provocó sus efectos entre 1840 y 1870. Se necesitaba máquinas para ella y sobre todo acero para fabricarlas; pero China producía en 1870 tanto acero como EU e Inglaterra juntos. El acero había sido descubierto en China en el siglo 3. Ingenieros chinos se desplazaron a Sheffield, Inglaterra, y a los Estados Unidos, para enseñarles cómo se hacía acero. O sea que la revolución industrial nació en China y no en Occidente. Hacia 1300, un soberano europeo recibió varios libros sobre tecnología china, que Leonardo da Vinci los copió para sus “inventos”.

 

OJO DE VIDRIO


RAMÓN ROCHA M.
Escritor, abogado, “cronista de ciudad”
[email protected]