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  • Diario Digital | lunes, 06 de diciembre de 2021
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El siglo negro

El siglo negro

Hay analistas como Thierry Saignes, que califican el siglo 19 como siglo negro, porque una oligarquía criolla se posesionó de la nueva república y desarrolló un despojo sistemático de las tierras de los originarios. Para desgracia, todo surgió con la Constitución de 1826, redactada por Bolívar, que excluyó a los originarios y estuvo de acuerdo con el voto censitario y la república de blancos, como dice Xavier Albó. 

El siglo negro del 19 se completó en el siglo 20, en particular los primeros 20 años de gobierno del Partido Liberal y en realidad hasta la revolución de 1952. Es curioso comprobar, como lo ha hecho Marta Irurozqui, que el voto universal jamás figuró como reivindicación de los originarios, que sin embargo se beneficiaron con él en 1952. Creada la Comisión de Reforma Agraria, se ocupó de estudiar el asunto mientras se sucedía la toma de haciendas hasta el 2 de agosto de 1953, fecha escogida para lanzar la Reforma Agraria, una medida de corte liberal, pues si bien respetó la propiedad comunitaria en el altiplano, distribuyó la tierra de los valles por individuo, con la consecuente fragmentación y el minifundio ulteriores.

Al mismo tiempo, el voto universal sustituyó el voto censitario, limitado a quienes eran propietarios y letrados, que rigió desde la fundación de la república, pero los campesinos agradecieron con sus votos las gestiones de gobierno del MNR, y más tarde el arreglo fue sustituido por el Pacto Militar Campesino, que dio base social al ciclo de dictaduras militares iniciado en 1964 con el general Barrientos y concluido en 1982 con el general Revollo.

La doble manipulación del voto (la del MNR después de 1952 y la del pacto militar campesino) concluyó en 1970, cuando se creó la actual CSUTCB, una confederación campesina que quería el sindicalismo libre, aleado de la férula del Estado. El dirigente Genaro Flores luchó tanto por esa perspectiva que la dictadura de García Meza lo postró paralítico, pero así y todo continuó encabezando las luchas de la CSUTCB hasta su muerte.

Hoy, la CSUTCB es una realidad, como está de moda decir, contundente. Pero del katarismo ha surgido una tendencia que quiere recuperar el Kollasuyo y sus instituciones y considera enemigos al poder, al Estado, a los sindicatos y a las alcaldías, pues añora un país con mallkus, jilakatas y una distribución política prehispánica, en la cual no tengan injerencia los límites actuales entre Estados. Esta tendencia lucha contra la CSUTCB al menos desde la Asamblea Constituyente, que no fue una taza de leche, como que el texto de la Nueva Constitución fue discutido en Cochabamba, Oruro y el Congreso paceño, para sellar una alianza con la oposición, que pugnaba por aprobar el nuevo texto por dos tercios.

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

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